miércoles, mayo 23, 2007

Jose Luis Bengoa Zubizarreta, Aburrimiento excitacion

jueves 24 de mayo de 2007
Aburrimiento o excitación
A las encuestas les resulta difícil de detectar el nivel de participación electoral, porque el abstencionismo se oculta como si fuera un pecado democrático
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA/
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EEn los tramos finales de las campañas suelen mezclarse dos sentimientos: el nerviosismo por los resultados y el temor a la abstención. Tanto el uno como el otro sólo desaparecen la noche electoral. Las encuestas, imperfectas en todo lo que abordan, encuentran especial dificultad en detectar el nivel de participación. Resulta más fácil de predecir la intención de voto a las diversas candidaturas que la concurrencia a las urnas. Dejando de lado a los abstencionistas militantes, que tienen a gala confesar su voluntad de no acudir a votar, y a los pasotas, que responden a los encuestadores lo que les viene en gana, el ciudadano común y corriente tiende a ocultar su posible abstención como si de un pecado democrático se tratara. Al fin y al cabo, el escaqueo electoral es todavía en nuestro país políticamente incorrecto. Hay que aducir razones especiales para justificarlo, y quien se abstiene por pereza o por indecisión no suele tenerlas a mano.En estas elecciones concretas, el temor a una abstención elevada ha podido alcanzar mayor intensidad por el precedente de las últimas elecciones y consultas populares. Después de los comicios generales de marzo de 2004, han tenido lugar en nuestro país, o en algunos de sus territorios, nada menos que seis convocatorias a las urnas, bien para elegir a diputados de diverso nivel representativo, bien para refrendar textos constitucionales o estatutarios. De ellas, exceptuadas las del Parlamento de Galicia, que arrojaron una participación 'normal' del 64%, las otras cinco -elecciones a los Parlamentos europeo y al catalán, y referendos sobre la Constitución europea y los Estatutos catalán y andaluz- se saldaron con una abstención que superó, a veces con creces, el 50% del electorado o que, como en el caso de las catalanas, apenas quedó por debajo de ese porcentaje. Y, aunque para las próximas elecciones del 27 de mayo cabría tomar como referente tanto las catalanas como las gallegas, la repetición de episodios abstencionistas podría marcar tendencia o, incluso, causarla, aunque sólo sea por mimetismo. De otro lado, resulta también difícil de saber si el enrarecimiento que ha experimentado el ambiente político en los últimos años habrá provocado en la ciudadanía aburrimiento o excitación.En cualquier caso, el temor a la abstención se ha hecho presente en este último tramo de la campaña. Y nadie puede predecir tampoco con certeza a quién favorecerá. Las tesis que se defienden a este respecto, en el sentido de que siempre es la derecha la más favorecida por el fenómeno, no son sino hipótesis que han de ser verificadas, en cada caso, por contraste con la realidad. Recuérdese, por ejemplo, que era poco menos que un dogma la idea de que el nacionalismo vasco florecía, en gran medida, por el abstencionismo de los constitucionalistas en las elecciones autonómicas. Pues bien, bastaron las de marzo de 2001 para echar por tierra la teoría. Con una participación superior al 80%, el nacionalismo obtuvo los mejores resultados de su historia. Porque, cuando uno quiere movilizar a los propios, moviliza también a los ajenos. Y viceversa.j.l.zubizarreta@diario-elcorreo.com

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