jueves 24 de mayo de 2007
El día de la Marmota
Óscar Molina
N O sé si habrán visto Vds. una comedia titulada “Atrapado en el tiempo”, que protagoniza Bill Murray. Trata de un periodista que acude a un pueblo de la América profunda a cubrir un acontecimiento, el Día de la Marmota, y al que le ocurre un extraño fenómeno: se despierta todas las mañanas en el mismo día. El tiempo no pasa, y cuando se va a la cama lo hace para volver a amanecer en el día en que se acostó, que se repite con desesperante contumacia. Yo, viendo la campaña electoral del Partido Socialista para estas elecciones municipales y autonómicas, me he sentido un poco Bill Murray, atrapado en el tiempo. No en el del día pasado, como el pobre locutor televisivo, sino en aquellos días en los que ZP y los suyos ocupaban la oposición, en unos tiempos en los que contra Aznar vivían muchísimo mejor, al menos en lo referido a mensajes políticos. Mal deben andar el Apóstol del Talante y los suyos de repertorio argumental cuando para hacer campaña y pedir el voto tienen que recurrir a un montón de cosas que el pueblo español ya había dejado en el ámbito del sueño, en el de aquella noche en la que se acostó aznarí y se levantó zapaterista. Mal, muy mal, debe percibirse la capacidad de convicción de Rodríguez cuando su discurso de la nada ha caducado en tan sólo tres años. Un discurso-conjunto vacío cuya plasmación real es cero, y que tan sólo sirve para ocultar el torrente de sectarismo, exclusión y parcelamiento en el que se quiere embarcar a una sociedad que había enterrado, en otro Día de la Marmota, viejas cuitas que no servían para avanzar en el calendario de la convivencia. Antiguos agravios que desterramos para poder despertarnos en un día nuevo, y que hoy se nos han vuelto a traer a través de arengas que tan sólo sirven para revolver un río en el que sólo pescan los mediocres. Pero en esas estamos, en la elucubración sorprendida de qué utilidad municipal o autonómica pueden llegar a tener Irak o la foto de las Azores y en la reedición de aquellos días en los que la línea de ataque tenía algún tipo de apoyo en los errores de Aznar. Nada que ofrecer que no sea humo, mucho que traer apelando a la nostalgia de todo lo que hizo posible el apestamiento social y la persecución ideológica a media España. Lo que funcionó, esa carabina de una sola bala que se hizo cañón cuando casi doscientas personas murieron para poder ofrecer el apoteósico último acto de una ópera que ahora nos quieren volver a colocar con una marmota como tenor principal. Lo que funcionó, repito, porque es lo único que puede traer algo de combustible al depósito de un coche que no camina, y tan solo sirve para hacer mucho ruido y chocar contra los que se atreven a venir de frente: los casposos, los carcas, la derecha extrema. ¡Qué tiempos! Hay que traerse al milagroso mamífero de donde sea para poder revivir aquello. Aquellas fechas en las que todo izquierdista que se preciara tenía sellado el cupón de haber vociferado contra Acebes, el de haber gritado Nunca Mais o el del acoso a las sedes de un partido político. Las jornadas en las que a poco más que hubiésemos apretado, vencerles hubiese sido caza menor, pudiendo haberlos echado de España. Lo de menos es lo que trajimos a cambio: la rendición del Estado ante una banda terrorista, la exhumación de los buenos de la guerra de hace setenta años, la insignificancia internacional y hasta el pelotazo postmoderno. Lo realmente importante es cómo nos puede ayudar la marmota a enhebrar en las conciencias lo nuclear, lo básico, lo troncal, esto es, la nefasta influencia que alinearnos con Bush ha tenido sobre la construcción de parques y jardines, los impuestos municipales, el arreglo de las aceras y en definitiva todas las calamidades que a nuestros consistorios y autonomías traen los gobiernos que no son “de progreso”. Si dejamos o no presentarse a esos mismos ayuntamientos a los delegados municipales del terrorismo es algo que no tiene ni la menor relevancia al lado de la ignominia de haber dormido bajo el mismo techo que un tejano loco que se cree el General Custer. No compares. De la misma manera que carece de la más insignificante gravedad el hecho de que los manoseos que hoy tienen como colofón que ETA vuelva a las instituciones, empezaran cuando éramos oposición, cuando compartíamos el mantel de una “gente de paz” que representa los intereses de unos agraviados históricos por los abuelos ideológicos del “gobierno facha”. Unos tíos que con una mano estrechaban la nuestra y con la otra aplaudían los asesinatos de quienes actuaban como delegados. No pasa nada, porque a algo que no se ajusta al canon del progresismo y la reparación de deudas rancias no se le puede traicionar, ni aplicar lo de la marmota, porque es despreciable en sí mismo, y pisotearlo es lo más ajustado al concepto de Justicia. Lo que importa son nuestros pretéritos escogidos, la marmota selectiva y su utilidad, que funciona a golpes de conveniencia y en la que por supuesto no cabe algo tan “light” y poco reparador de ofensas seculares como fue la Transición esa, que la hizo Franco después de muerto. ¿Sólo hay una marmota? Necesitamos cien. No damos abasto.
jueves, mayo 24, 2007
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