jueves, mayo 24, 2007

Familias sin adjetivos

viernes 25 de mayo de 2007
Familia sin adjetivos
LA política familiar es desde hace tiempo una asignatura pendiente para la democracia española, aunque el desinterés y la falta de iniciativa hayan alcanzado extremos inaceptables en la legislatura actual: no hay ayudas suficientes para la familia, ni los poderes públicos le reconocen su generosa contribución a la solidaridad social. En cambio, sí hay dinero para promocionar libros de dudosa calidad sobre lo que la secretaria de Estado competente en la materia llama «situaciones de convivencia». Según la peregrina opinión de Amparo Valcarce, la supuesta «familia nuclear tradicional» es sólo una de dichas situaciones, que coexiste con otras «estructuras emergentes», como son las parejas homosexuales, las hipotéticas familias unipersonales y algunos casos especiales que incluyen la presencia de perros y gatos como modelos alternativos. La extraña definición de la familia como un grupo de seres humanos que deciden vivir juntos, a cargo de la directora de la Biblioteca Nacional, es fiel reflejo de la capacidad que muestran algunos altos cargos para decir dislates dentro y fuera de su ámbito de competencias. Claro está que todo se entiende al recordar que Rosa Regàs considera un placer la idea de «desbancar» a la familia que componen el padre, la madre y los hijos. Menos mal que, aunque sea con evidente frialdad estadística, las autoridades reconocen que el modelo al que llaman «tradicional» es el mayoritario en nuestra sociedad. Así pues, los 47.000 euros que ha costado la edición de este libro parecen concebidos como una contribución a acelerar la imaginaria crisis de una institución que, hasta ahora, se ha llamado siempre familia, sin adjetivos.
Los hechos, sin embargo, son tozudos. La familia goza de excelente salud entre los españoles, como las encuestas demuestran una y otra vez. Es una institución capital para transmitir valores cívicos y morales, reforzar la estabilidad emocional y cuidar a los enfermos y ancianos. Permite también a los jóvenes, muchas veces con gran sacrificio económico de los mayores, vivir en el hogar paterno ante las dificultades para acceder a una vivienda propia. Cuando fracasa la vida familiar, el individuo pierde una referencia vital y un espacio donde priman el cariño y la comprensión como formas básicas de convivencia. No es, por tanto, una más entre otras fórmulas voluntarias para organizar la vida de cada cual, sin que ello implique menosprecio o discriminación hacia otras opciones. Es triste que el dinero público se malgaste en promocionar este tipo de planteamientos relativistas. El PSOE dice estar sorprendido por las críticas que suscita la Educación para la Ciudadanía, pero es lógico que exista alarma social ante el intento de invadir la esfera familiar, donde se transmiten los valores, para imponer desde la escuela una verdad única y oficial, escondida bajo el manto equívoco del pluralismo.

No hay comentarios: