martes, junio 26, 2007

El precio del falso pacifismo

martes 26 de junio de 2007
El precio del falso pacifismo
EL emplazamiento hecho por el PP al Gobierno para que dote a las tropas españolas en el Líbano de las medidas de autoprotección necesarias se vio reforzado ayer, después de que el ministro de Defensa, José Antonio Alonso, reconociera que el blindado atacado por los terroristas no disponía de un dispositivo de inhibición de frecuencias. Esta revelación resulta alarmante porque el despliegue de la misión de Naciones Unidas (Finul) en la zona pretendía poner fin a un brutal período de enfrentamientos entre la organización terrorista Hizbolá e Israel. Por tanto, era una misión militar con muy alto riesgo desde su comienzo y mucho más intenso desde que Al Qaida amenazara directamente a las tropas españolas y comenzara su infiltración en Beirut, a través de Fatah al Islam, el grupo terrorista que se ha enfrentado en las últimas semanas al ejército libanés. A esta organización terrorista se le atribuye el atentado contra los militares españoles. Ha habido, sin duda, un error de percepción en el nivel de peligrosidad de la misión, que coincide con el empeño ya pueril del Gobierno en presentar todos los despliegues internacionales de nuestras tropas como campañas humanitarias, exentas del más mínimo rasgo bélico. Sin embargo, no parece que el PSOE ni, especialmente, Rodríguez Zapatero estén dispuestos a rectificar. De la crítica se salva por méritos propios el ministro Alonso, quien ha reaccionado ejemplarmente tanto en el ofrecimiento de información a la opinión pública como en el respaldo a los tropas españolas con su desplazamiento inmediato al Líbano.
Como es habitual en trances trágicos, el presidente del Gobierno está brillando por su ausencia, aunque no le servirá de mucho si pretende evitar que esta brutal realidad desmonte su inmaculado discurso pacifista. Todo lo presente que se hizo Rodríguez Zapatero para propalar su propuesta de Alianza de Civilizaciones -y para decir cosas como que «la igualdad entre los sexos es más eficaz contra el terrorismo que la fuerza militar»- ahora ha quedado en nada. En treinta y seis horas, y en pleno duelo nacional, la presencia del jefe del Ejecutivo ha sido mínima, quizá para eludir una imagen que habría desmentido sus superficiales análisis sobre el terrorismo «internacional» -eufemismo empleado para no llamarlo islamista- y la confusión sembrada en la opinión pública sobre el papel de España en las misiones militares en el extranjero. Por supuesto, el PSOE no podía mantener Irak al margen y, con más necesidad que convicción, fue el único argumento que ayer empleó José Blanco contra el PP, ignorando que en el Líbano, Afganistán e Irak la fuerza multinacional está avalada por resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -la de Irak fue apoyada por el Gobierno socialista en junio de 2004- y que los terroristas que han matado a nuestros soldados en el Líbano son los mismos que atacan a los aliados en suelo afgano o en las calles de Bagdag.

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