jueves, junio 07, 2007

Jose Javaloyes, El deshielo de los misiles

viernes 8 de junio de 2007
El deshielo de los misiles José Javaloyes

No es poca cosa, como fruto del G8 en su conferencia alemana de Heiligendamm, la salida del malentendido ruso-americano por la cuestión del sistema antimisiles desplegado por Estados Unidos en Polonia y la República checa. El rebote de Putin desde sus claves nacionalistas de gran fondo ha encontrado salida en la aceptación norteamericana de la alternativa azerbayana que le ha propuesto al presidente Bush.
Obviamente, la aceptación no podía ser más que de principio. Hay mucho que hablar del bacalao, aunque no se trate de un pescado del Caspio. Por eso no podía ser de otra manera el sistema acordado por los dos presidentes: una mesa a cuatro formada por los respectivos titulares, ruso y estadounidense, para la defensa y la política exterior.
El radar ruso de Gablá, sometido a utilización conjunta como parece que será, si el acuerdo cristaliza, además de drenar la tensión acumulada entre las partes con ribetes de Guerra Fría, traería consigo un salto cualitativo y muy positivo en la relación entre Moscú y Washington, pero conllevaría con toda probabilidad, para Moscú, un cambio cualitativo también, aunque negativo, en su sintonía con Teherán.
Para la República Islámica de Irán, esa ventana estratégica compartida entre rusos y americanos alteraría el equilibrio estratégico; es decir, los iraníes percibirían ese dato de la misma manera que, en su caso, habían percibido los rusos el de la coraza norteamericana en el espacio checo-polaco.
Está claro que los rusos ganan en el cambio, lo mismo que el espacio asiático crece en seguridad y transparencia. El trueque se abre a muchas derivadas. La gestión conjunta de la seguridad en el Antiguo Continente por parte de rusos y americanos podría llevar, en otro orden de cosas, a que Moscú reconsiderase el proyecto de suministro de gas a Estados Unidos, desde Siberia y a través de Alaska.
Por otra parte, tampoco puede pasar inadvertido, en lo que respecta a la especial relación de rusos e iraníes, el efecto que tendría la confirmación de la supuesta apertura iraní a ciertas colaboraciones con Al Qaeda para aumentar el nivel de hostigamiento a las fuerzas norteamericanas en Iraq, al objeto de precipitar su abandono del territorio iraquí.
Al Qaeda es problema compartido por rusos y americanos. Aquellos, por la cuestión de Chechenia y todo el radicalismo islámico que allí alienta; éstos, por la sabida y larga historia que alcanzó el 11 de septiembre del 2001 cotas de agresión inimaginables hasta entonces.
El deshielo ruso-americano, con la llave del radar de Gablá, podría llevar, en fin, a escenarios de colaboración que tampoco eran imaginables hace sólo un par de días.
jose@javaloyes.net

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