lunes 25 de junio de 2007
Vencedores vencidos Germán Yanke
Resulta un poco sorprendente que Jaume Matas anuncie con las prisas que lo ha hecho su abandono de la política. Quizá por ello esgrime argumentos contradictorios. De un lado, no se siente el hombre adecuado para ser líder de la oposición —que ya lo ha sido, anuncia—. Se entendería que, en la vida partidaria, hay personas que sólo sirven para gobernar, no para representar unas ideas determinadas y ganarse a los votantes. Pero eso es lo que hace que se ganen las elecciones. Por otra parte, a veces parece que Matas se marcha para que se recuerde —es decir, para convertirse en símbolo ya que no puede ser presidente— que la lista más votada no pueda gobernar, que aquel que los ciudadanos de Baleares querían como presidente no puede serlo. Está bien. Pero no lo puede ser, en parte, porque él mismo ha alimentado a su matador, el esperpéntico partido de la señora Munar.
Matas, con su dimisión, alimenta más su desengaño que las posibilidades futuras de su partido. No se entiende bien que no haya aceptado ni la propuesta de Mariano Rajoy de permanecer en su puesto hasta las próximas elecciones generales ni que él mismo proponga la “propuesta de futuro” del PP en Baleares con sus propios colaboradores, que sí deben estar hechos para estar en la oposición.
Habría sido más interesante, ya que se marcha y puede ver las cosas con una adecuada distancia, incluso de su propio pasado, la sugerencia y el empeño por cambiar el sistema electoral en aquello que convierte el resultado (el del poder, no el de las elecciones) en absurdo y en lo que hace de partidos como Unión Mallorquina, que son gestores minúsculos de intereses particulares. Es difícil promover los cambios precisos para la racionalidad del sistema electoral desde el poder porque, al fin y al cabo, es el que ha logrado que se llegue así. Pero, en lugares como Baleares, debería convertirse en parte fundamental del programa de formaciones que, desde la oposición, luchen precisamente para cambiar las cosas, no sólo para llegar al Gobierno a cambio de cambalaches y contrapartidas particulares.
No será posible, me temo. Desde luego, el PP parece más próximo a intentar llegar al poder que a convertirse en la representación de una corriente de opinión que nos acerque a la democracia y al sentido común. Ahí está, para certificarlo, el caso de Canarias. Juan Fernando López Aguilar no ha conseguido el porcentaje de votos de Matas en Baleares, pero merece gobernar, al menos según la doctrina popular de las listas más votadas, que debería servir para todos. Pero vale más gobernar que defender un principio. Se dirá que todos, PP y PSOE, miran hacia los nacionalistas (como Coalición Canaria en este caso) por si los necesitan para coaliciones tras las elecciones generales. Pero es precisamente ese desproporcionado poder de las minorías el gran defecto del sistema. Cambiarlo podría ser uno de los grandes proyectos de la regeneración política. Pero no…
lunes, junio 25, 2007
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