jueves, junio 07, 2007

German Yanke, El presidente borroso

viernes 8 de junio de 2007
El presidente borroso Germán Yanke

El presidente Rodríguez Zapatero no aprende. En la entrevista que concedió ayer a Iñaki Gabilondo en la cadena de televisión Cuatro hubo una parte de retórica —en la que el presidente adopta una posición melosa, como si deseara que le quieran más que resolver los problemas— sobre el final del “proceso de paz” achacando el “fracaso” a ETA por haber planteado objetivos políticos inasumibles. Este tipo de retórica tiene su derivada, ya que resulta un poco patético desde el punto de vista personal y totalmente innecesario desde el punto de visto político. Rodríguez Zapatero abre con esta disculpa el melón de la discusión acerca de lo que podría haber sido políticamente aceptable tras el reconocimiento de que lo ocurrido no respondía en absoluto al principio aquel de que primero la paz y luego la política.
Es cierto que la culpa del terror es de ETA. Y también es cierto, como precisamente dijo ayer Mariano Rajoy, que lo conveniente ahora es dejar de mirar al pasado y establecer una adecuada política antiterrorista para el futuro. Pero el presidente parece preferir justificarse a buscar ese acuerdo y se mete en estos laberintos que hacen desconfiar aún más.
Veamos. El “proceso” ha fracasado por ese maximalismo de ETA. Pero el “proceso” —dice el mismo presidente— no ha fracasado ahora, sino el 31 de diciembre, cuando hizo estallar una bomba en Barajas que causó dos muertos. Así que los objetivos políticos planteados por ETA se habían convertido en inasumibles antes de ese día y por ello la banda atentó en Madrid. Sin embargo, el día 30, justo cuando ETA dejaba el coche-bomba en el aparcamiento del aeropuerto, el presidente dijo a la nación que todo iba bien y que el año que iba a comenzar demostraría cómo iban a mejorar las cosas. Poco antes, el ministro del Interior, entre risas, explicó a los periodistas que no había novedades, que las cosas tenían su curso y que, ya que se mostraban impacientes, proponía reunirse con ellos cada quince días para analizar la evolución del “proceso” y, en su caso, dar noticias. El ministro de Defensa acaba de decir que, desde ese día, no ha habido contacto alguno con la banda. Desde luego, algo no cuadra. Todo puede ser, pero todo no puede ser a la vez.
Pero además de meterse en el laberinto (para demostrar que él no ha cedido), el presidente dedicó buena parte de su tiempo a arremeter contra el PP. Para qué repetir lo de siempre: su deslealtad, la conversión de la lucha antiterrorista en un tema de debate político, la diferencia con su actitud pasada… Todo ello con mal tono, además, hasta el punto de que, preguntado por los resultados electorales de Madrid, lo que dijo es que Rafael Simancas había dimitido por perder cinco puntos porcentuales (de Miguel Sebastián no habla) y que en las anteriores elecciones generales Mariano Rajoy perdió siete.
Curiosa actitud y no menos curiosos mensajes cuando el presidente está abatido y tiene a la vista una entrevista con el presidente del PP para intentar salir del atolladero. Actitud y mensajes pocas horas después de que el líder de la oposición dijera que está dispuesto a no discutir sobre el pasado, a hacer propuestas legítimas y arrimar el hombro, como le pidió Rodríguez Zapatero.
Se equivocó en parte el entrevistador al decirle que veía a su Gobierno desdibujado. El desdibujado es el presidente. Qué digo desdibujado, borroso.

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