viernes 8 de junio de 2007
EL MANANTIAL DE LAS ESTRELLAS
Zapatero dinamita el encuentro con Rajoy Pablo Sebastián
Convencido quizás de que no iba a conseguir nada a su favor, y menos aún la sumisión del PP a su fracasada política sobre el terrorismo, y a sabiendas de que la única manera de mantener unido a su partido en estas difíciles circunstancias —derrota en las municipales y final de la tregua de ETA— era la de satanizar al primer partido de la oposición, Zapatero lanzó anoche un duro ataque contra el PP, y contra Rajoy, en las vísperas del anunciado encuentro del próximo lunes en el palacio de la Moncloa. Un encuentro que, con toda intención, ha dinamitado previamente Zapatero y que ya veremos si se celebra, aunque sea a cara de perro.
El propio entrevistador del presidente, el presentador del informativo de la Cuatro, Iñaki Gabilondo —que al parecer había amenazado con suspender la entrevista si Zapatero ofrecía otra con anterioridad a TVE—, le preguntó en un momento de la conversación al presidente si el encuentro con Rajoy se iba a celebrar, a la vista de lo que estaba diciendo Zapatero del PP y del líder de la oposición.
Por lo que vimos anoche en televisión, Zapatero se ha quitado muy pronto el luto y la cara compungida que exhibió en el palacio de la Moncloa, a las pocas horas de que ETA anunciara la ruptura del alto el fuego. Y como si se hubiera inyectado una dosis doble de optimismo antropológico, apareció sonriente y agresivo, sin decir una sola verdad sobre su responsabilidad en el fracaso del proceso de negociación con ETA, y de su más que necesaria rectificación que ya ha empezado a poner en marcha, poco a poco, con el ingreso de De Juana en la cárcel, la acusación de la Fiscalía contra Otegi y sus dudas sobre lo que va a pasar en Navarra, dando en estos capítulos la razón al Partido Popular, de la misma manera que empezaba a reconocer el error de haber legalizado a ANV/Batasuna, porque ahora dice que los van a vigilar de cerca.
Es decir, que, consciente de su cúmulo de errores y del impacto electoral y social de su demencial política sobre el terrorismo, Zapatero empieza a rectificar pero sin querer reconocerlo públicamente. Y no sólo eso; con un descaro que da idea del desvarío que padece, dijo que el Partido Popular es el que debe estar arrepentido de su posición sobre la lucha antiterrorista, al tiempo que lanzaba una serie de improperios contra el PP, al que acusó, una y otra vez, de usar el terrorismo en su principal argumento opositor, declarando su convencimiento de que esto seguiría así hasta el final de la legislatura, que según Zapatero acabará en marzo del 2008, sin que medie un adelanto electoral, otro pronóstico que habría que poner en duda porque el presidente no suele decir la verdad.
Y la verdad es que nunca, desde el inicio de la transición, ningún presidente español, ni Suárez, ni González, ni Aznar, se lanzó a una negociación con ETA sin el apoyo del otro gran partido nacional y de las víctimas de ETA, como lo hizo Zapatero con gran temeridad y frivolidad, y poniendo sobre la mesa negociadora y otras mesas paralelas con los partidos nacionalistas numerosas concesiones políticas y, en cierta manera, también la oferta de una reforma confederal del Estado —ayer admitió que con ETA se habló de Navarra—, cuestiones éstas que no aparecieron en la entrevista. Aunque sí surgieron otras, como las elecciones del 2004, de las que dijo que Rajoy no había asumido su responsabilidad —por ejemplo, dimitiendo como líder del PP, como ha dimitido Simancas en Madrid—, al tiempo que acusaba a los populares de estar apoyando, políticamente, la llamada conspiración del 11M, que agitan a diario El Mundo y la COPE y en la que es cierto que han colaborado varios dirigentes como Acebes y Zaplana.
En suma, ¿para qué llama Zapatero a Rajoy, y por qué debería ir Rajoy a la Moncloa después de los ataques y descalificaciones recibidos ayer? Pues porque uno y otro querrán culpar al contrario de la ruptura definitiva entre el PSOE y el PP. Una fractura insoldable de la que Zapatero hizo gala en el día de ayer con una eufórica agresividad con la que pretendió aparentar entereza, mientras espera la macabra respuesta de ETA y puede que algún error de bulto del PP, a ver si con una u otra cosa consigue recuperar el fervor perdido de los ciudadanos y de su partido, a los que ayer quiso dar ánimos y esperanzas en un extraño ejercicio de exorcismo de sus errores, intentando, simultáneamente, satanizar el PP, cuando los hechos prueban que el problema está en él.
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