martes, junio 26, 2007

Edurne Uriarte, La dictadura del frio

martes 26 de junio de 2007
La dictadura del frío
Edurne Uriarte
Me refiero a la que sufrimos los ciudadanos de los países democráticos todos los veranos bajo los posesos del aire acondicionado, no a la de la antigua URSS. Acaba de empezar la temporada fatídica. En las empresas, en los edificios públicos, en los restaurantes, en los taxis, por obra de un invento americano, probablemente de esquimales inadaptados en California, importado con entusiasmo por nuestro país.
Pero hay esperanza. Una empresa española ha decidido subir la temperatura de sus oficinas para ahorrar energía, lo que me ha hecho pensar con renovado interés en Al Gore, su campaña y en estos beneficios inesperados. Quizá sea el cambio climático el que salve a los ciudadanos congelados del delirio esquimal.
Lo más curioso de esta dictadura es que ni siquiera está claro que los oprimidos de la bufanda veraniega seamos una minoría. Mis colegas sociólogos y politólogos, que hacen encuestas para todo, aún no han hecho la del frío. Se trataría de saber si la dictadura del frío cuenta con amplio apoyo popular y los resistentes somos una pobre minoría. O si estamos ante un fenómeno sociológico similar al que se producía en el viejo cine de mi pueblo cada vez que se estropeaba el proyector, que nadie veía la película, pero sólo yo me levantaba a protestar. Y si no se trata de eso, si a la mayoría de españoles las condiciones meteorológicas de Siberia les parecen ideales para trabajar o para salir a cenar, los derechos de las minorías también merecen protección. Si lo del ahorro energético no cunde, Sanidad podría pensar en salas para proteger a los no esquimales, como a los no fumadores.

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