lunes, junio 25, 2007

Alberto Sotillo, Fu Manchú en la Historia

lunes 25 de junio de 2007
Fu Manchú en la Historia

ALBERTO SOTILLO
La primera vez que oí hablar de la idea de elaborar un manual de Historia de Europa que se estudiaría en todas las escuelas de la UE no pude contener la sobrada sonrisilla del escéptico. ¿Sería Juana de Arco una santa patriota en el Reino Unido? ¿El duque de Alba, un filántropo en Holanda? ¿Nelson, un marino con estatua en la Concorde? ¿Bismarck, padre de la patria gala?... Y los héroes del Dos de Mayo, ¿encarnación de la bravura patriótica o insurgentes de inclinaciones terroristas frente a la democratizadora invasión napoleónica?
Después, he reparado en que la UE no tiene futuro hasta que no adopte dos medidas de sentido común: la obligación de que cualquier referéndum sobre el futuro de la Unión sea de escala paneuropea y no nacional, y la inaplazable elaboración de un manual de Historia de Europa de enseñanza obligatoria en todas las escuelas de la UE.
La historia como asignatura siempre ha sido víctima del pensamiento mágico. En España, sin ir más lejos, cuando empezábamos a sospechar que la invasión de los árabes no fue consecuencia del apetito lujurioso de Don Rodrigo, viene una nueva generación de mitómanos a inventar reyes gallegos, emperadores catalanes, califas de Jaén y, en el colmo de la ilustración, a montar una nueva puesta en escena de la guerra civil en versión películas de chinos de Fu Manchú.
La historia siempre es un punto de vista. No hay una inequívoca verdad histórica. De ahí que un libro de texto para la enseñanza del pasado compartido deba partir de un consenso inteligente que garantice la convivencia de futuras generaciones. En Europa, ese consenso parece una utopía. Pero más patética es la situación en España, donde el consenso se sustituye por un disenso sistemático cuyo único objetivo es evitar que algún día el pensamiento crítico sustituya al magín mágico.
Un manual de historia europea haría el milagro de que muchos españoles descubriesen a los Reyes Católicos. Nos ayudaría a comprender las razones de Guillermo de Orange en las guerras de Flandes. Y haría imposible el bochornoso espectáculo de quienes creen que aún estamos en las guerras del pasado.

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