martes, junio 26, 2007

Alberto Miguez, ¿Que hacemos en el Libano?

martes 26 de junio de 2007
¿Qué hacemos en el Líbano? Alberto Míguez

He aquí una pregunta políticamente inconveniente que nadie o casi nadie ha tenido el valor de hacer o responde con sinceridad en sede parlamentaria o en otras sedes igualmente retóricas.
España estuvo en Iraq porque Aznar se plegó al imperio con una obediencia y un atolondramiento que hoy todavía debe lamentar el presidente de FAES. Así le fueron las cosas después. Y bien se aprovechó Zapatero de aquella baladronada... Posteriormente España siguió enviando tropas a los más distantes y distintos objetivos: Haití, Congo, Afganistán, Kosovo, Bosnia y un largo etcétera. Al parecer, el pacifismo sólo sirve como arma arrojadiza para organizar manifestaciones y asambleas de actores en paro. Pero es letal si uno se alía con un hatajo de mentirosos como hizo Aznar con Bush y sus amigos.
Pero ese pacifismo al parecer no funciona cuando se trata de mandar soldados a Afganistán o Líbano.
¿Qué se nos perdió en Kandahar?, se preguntan miles o millones de españoles. ¿Por qué tenemos a nuestros soldados en Marjayum? ¿Qué razones políticas, seguritarias, morales o simplemente lógicas imponen este tipo de aventuras? Digámoslo de una vez: a España no se le ha perdido nada en Afganistán o en el Congo? No hay razón alguna para enviar cuerpos exedicionarios aunque se recurra al argumento de la solidad internacional para justificarlo.
¿Por qué esta solidaridad debe funcionar en el Líbano y no en Darfur? No hay respuestas simplemente porque no existen: si las Naciones Unidas nos pidieran que enviásemos tropas al Nepal (donde por cierto también hay una guerra civil), es seguro que el badulaque de Moratinos promovería y aplaudiría el envío ipso facto. Y Rajoy aplaudiría.
Al Líbano hemos enviado un contingente que ha tenido ya las primeras víctimas. ¿Por qué? ¿Qué relación tiene España con el conflicto libanés o con el sirio-libanés o con el israelo-libanés? Quien tenga la respuesta que la presente; pero, ojo, sin caer en la retórica de la solidaridad internacional o en la doctrina espesa de Naciones Unidas? En la frontera del Líbano, además de bellos cedros y paisajes, hay unos señores que se dedican a asesinar y que confunden a los españoles con los franceses o los israelíes. Les importa un higo que nuestros soldados estén allí en labores humanitarias y demás zarandajas: en cuanto pueden, disparan y matan. Pero ¿en nombre de qué mueren nuestros soldados? El seguidismo de la oposición de derechas a la política expedicionaria de Zapatero me parece más escandalosa que cualquier otra.
Puede haber más víctimas —ojalá no las haya— en Afganistán o en el Líbano. Y los ciudadanos, atónitos, seguirán estremecidos sin entender por qué o para qué mueren. Nadie les explica las razones y si se les explicaran con seriedad y sentido común responderían rechazando las expediciones neocoloniales de este gobierno y de otros anteriores. No caerá esa breva. Tras solemnes funerales y discursos aguerridos, y las cosas seguirán como están. Y los Hercules seguirán trasladando ataúdes.

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