miércoles, agosto 01, 2007

Valentin Puig, Generacion y, ortografia y Logse

jueves 2 de agosto de 2007
Generación y, ortografia y Logse

POR VALENTÍN PUIG
LOS desencantos y las ilusiones decoran el tránsito de las generaciones, a veces con más vulgaridad que nobleza. Ocurría en «La educación sentimental» de Flaubert, aunque ya nadie lea estas cosas. Al pasar de la generación X a la generación Y, las sociedades avanzadas delatan una aceleración casi insostenible, como ocurrió cuando al querer estar todos en vanguardia acabamos ciegamente entregados a lo efímero de las modas. Quedan adscritos a la generación Y los que nacieron a partir de 1981. La generación X, para entendernos, sería la de sus padres. En el interregno, triunfan internet y el teléfono móvil. Las altas humaredas del 11-S inauguran la agenda histórica de esa generación Y, con Bin Laden y los Simpson como iconos aunados por la banalidad y la información a chorro. La Logse predetermina la precariedad de sus aprendizajes.
Con las descripciones generacionales, casi siempre se simplifica y se exagera. No todos los jóvenes nacidos a partir de 1981 llevan tatuajes ni ligan por SMS. De todos modos, lo que más tienen en común es que ya padecen los efectos de la Logse. Según Ortega, las variaciones de la sensibilidad vital que son decisivas en Historia se presentan bajo la forma de generación, un compromiso dinámico entre masa e individuo, el gozne sobre el que la dinámica histórica ejecuta sus movimientos. De la generación Y se dice que es pasiva ante el conocimiento procedente del pasado, por vivir inmersa en el ciber-presente, en la inmediatez del teléfono móvil. Es reactiva frente al deber que se le dicte desde generaciones anteriores. Hay algunos indicios de turbulencia en su comportamiento en los centros educativos. Sienten más fidelidad por la MTV o el «junk food» que por las lecciones de sus padres.
También se la denomina generación del Milenio. Han nacido para ponerse a teclear en el ordenador, para vivir en la prosperidad que lograron las otras generaciones, para lanzar su propio «blog» del mismo modo que otras generaciones vieron la llegada del hombre a la luna. Para navegar por la vida con agilidad y competencia, lo que la LOGSE les enseñe será poco. Los índices de fracaso escolar en España -camuflados por la promoción automática de un curso a otro- son demasiado elevados en relación al contexto europeo, por no hablar de que una buena parte del diferencial de la tasa de crecimiento de los Estados Unidos respecto a la Unión Europea tiene su origen en la educación.
Cuando las generaciones sienten una suficiente homogeneidad entre lo recibido y lo propio, entonces se vive en épocas cumulativas. No es ese el caso de la generación Y, al menos hasta ahora. Ortega prosigue su clasificación refiriéndose a aquellas otras generaciones que han sentido una profunda heterogeneidad entre ambos elementos. Así sobrevinieron épocas eliminatorias y polémicas. Quién sabe si ese será el efecto de la generación Y, más allá de la música tecno y de las disfunciones del sistema educativo. Por el momento, el arribo de una primera ola de la nueva generación al mundo empresarial está causando perplejidad en no poca medida. Lo que sorprende no son los tatuajes sino lo poco que los recién llegados saben. Esa deficiencia habrá podido ser suplida en parte por el esfuerzo de los padres invirtiendo con creces en una mejor preparación de sus hijos -«masters», cursos en el extranjero- pero el bache de la LOGSE no es fácilmente subsanable. Fallan nociones elementales de ortografía y cálculo. Esa generación Y ilustra mejor que nadie, y a su pesar, las consecuencias del igualitarismo educativo y la falta de meritocracia en España.
Salvo los ideólogos anacrónicos de la LOGSE, cualquiera sabe que la solución más plausible se centra en la escuela no estatal pero los de la generación Y ya no están a tiempo. En muchos casos tendrán que aprender a nadar de cualquier manera, lanzados directamente al agua. Inicialmente, se diría que se les enseñó a despreciar la ética del trabajo y a reclamar como derecho las máximas disponibilidades del tiempo libre. Les espera una lección muy dura. Tendrán la oportunidad de atribuir la responsabilidad del fracaso de la LOGSE a quien corresponde pero no les quedará otra opción que salvarse por si mismos de la quema.
vpuig@abc.es

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