sabado 23 de junio de 2007
POR XAVIER NAVAZA
corresponsal en galicia
Emilio y los siete magníficos
Con acento conformista y suavemente reaccionario, el nacionalista Henrique Tello ha definido el estado de ánimo que rodea a los acuerdos alcanzados entre el Benegá y el PSdeG-PSOE en la ciudad de A Coruña: "Más vale un mal acuerdo que un buen pleito". En esa frase, llena de resonancias mercantiles, se halla la síntesis de la situación. Algo parecido fue lo que, a comienzos de la década de los años noventa, dijo Victorino Núñez cuando los Centristas de Ourense se aliaron con el PPdeG de Manuel Fraga: "Ha sido como un doloroso parto", concluyó don Victorino cuando la operación acababa de culminar.
La gran coalición está saturada de gritos y de susurros: unos contemplan la ejecución de los pactos como una rendición en manos de los siete alcaldes socialistas en las principales urbes de la nación; otros -como Tello- pugnan por convencerse a sí mismos cada día, en cuanto amanece sobre Camelot, de que están en el camino que conduce a la estandarización y de que ello exige un sacrificio: mientras no alcanzan el statu quo de los grandes partidos tradicionales, han de pagar el oneroso peaje de la normalización.
En el Benegá han echado cuentas y siempre les sale el mismo resultado: los socialistas, con Emilio Pérez Touriño cabalgando sobre la yegua Germinal, ganan terreno y proyección social desde el primer día de la legislatura... y a ellos, lanzarotes a la busca del Santo Grial, les va a costar un riñón mantener el pulso durante los próximos tiempos, con dos citas electorales decisivas en el camino: las generales de marzo que viene y las autonómicas un año después. A los asesores áulicos de Anxo Quintana se les va el sueño cada vez que alguien les recuerda el poder que acumulan los socialistas. No es la versión de los jinetes del Apocalipsis, pero algo de eso hay en la imagen que se ha instalado sobre la piel del finisterre de la UE: don Emilio y los siete magníficos, helos ahí, formando un cartel dispuesto a protagonizar todos los estrenos de la temporada.
Para más inri, los que más se quejan no son ellos, sino los del puño y la rosa: de modo especial Clemente López Orozco, cuyos pasos en Lugo están a punto de causar un cisma en el Benegá de la provincia. Javier Losada tenía el mismo criterio que don Clemente: antes de pactar con los nacionalistas, mejor gobernar en minoría y establecer acuerdos puntuales con el PPdeG. O sea, lo que Francisco Vázquez venía diciendo desde que se marchó a Roma con la mosca tras la oreja, sospechando que los días de vino y rosas se habían acabado para ellos en la mítica Marineda. Después de hablar con Pérez Touriño, Losada entró en razón y se avino a establecer en A Coruña el mandato de Compostela; pero López Orozco sigue fijo en sus trece, como el tenaz y empecinado papa Luna. Créanlo, lo de Lugo comienza a preocupar muy en serio en la residencia de Monte Pío, porque puede provocar una reacción en cadena. Hoy se reúnen las legaciones luguesas del PSdeG y del BNG y, de entrada, no hay ninguna señal que indique que están llegando a puerto. Por si acaso, don Clemente ya ha concertado para el lunes una reunión con Anxo Laxe (BNG) y Joaquín García Díez (PPdeG), a ver si a tres son capaces de diseñar un organigrama que hasta ahora no han conseguido a dos. Orozco, dice su sombra, está dispuesto a pasar de Touriño, del joven Quin y de la entente cordiale firmada en Compostela. Una furia.
EL CLAN DE OURENSE
Papi ya tiene quien le suceda
Para monarquía rural, la que ha establecido José Luis Baltar en Ourense. Esta semana se ha hecho pública la sucesión, lo cual, dicho sea de paso, no es más que una obviedad que ya se veía venir desde hace mucho tiempo. Por la gracia de su padre, que no la de Dios, Baltar sénior ha colocado a su bienamado hijo José Manuel Baltar en la parrilla de salida de la carrera que, a tres años vista, se desencadenará en el PPdeG por la presidencia de la Diputación Provincial .
LA REFORMA, BIS
El bálsamo de Fierabrás
Los populares llevan tiempo indagando sobre los textos del galleguismo original y han hallado, en medio de la fronda literaria de los años veinte del siglo XX, una puerta a la esperanza. Y no es nada que se parezca a aquella pieza de cualidades casi cinegéticas, entre nostálgica y divertida, que algunos quisieron ver en la vetusta letra del Himno Nacional de Galicia: sí, lo de la "nazón de Breogán", recuerden, que tantos chascarrilos fomentó bajo los soportales de Compostela. Ha sido una labor de ratas de biblioteca, pero figuras como Xesús Palmou creen haber hallado la fórmula, el bálsamo de Fierabrás. Antes de darla a conocer, Alberto Núñez Feijóo ha abierto el fuego invitando a Emilio Pérez Touriño a reabrir las frustradas conversaciones de la reforma del Estatuto de Autonomía. De entrada, don Emilio, tal vez porque todo se pega, ha echado mano de una frase que Manuel Fraga utilizaba con profusión: "Espero que el señor Feijóo no lo haga sólo para enredar" .
sábado, junio 23, 2007
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