lunes 25 de junio de 2007
El embrollo europeo Fernando González Urbaneja
No faltarán los euroescépticos que sostendrán que la Cumbre de Bruselas confirma lo cojitranco del proyecto de la Unión Europea. Sus argumentos son conocidos y vienen avalados por el complejo acuerdo alcanzado la madrugada del viernes al sábado para convocar una Conferencia Intergubernamental que debe dar a luz en el plazo de un año un nuevo Tratado que sustituya la fallida Constitución Europea. Pero también tienen buenos argumentos los europtimistas porque, tras dos años de parálisis, una vez que franceses y holandeses rechazaron en referéndum el proyecto de nueva Constitución, ven cómo se abre ahora otra oportunidad para avanzar en la integración europea.
La Cumbre de Bruselas era la de la señora Merkel, que ha dirigido su semestre como presidenta del Consejo con un decidido objetivo de superar el bloqueo y propiciar un nuevo procedimiento para que la Unión de 27 países disponga de mínima operatividad. La canciller de Alemania apostaba buena parte de su creciente prestigio internacional a un buen resultado de la cumbre.
Enfrente estaba la habitual resistencia británica, que quiere estar en Europa sin que Europa entre en las islas, sin que ninguna de sus instituciones sufran mermas o trastornos. Los británicos expusieron eso que se llama ahora “líneas rojas” y se aprestaron a negociar hasta el último segundo, sin dar una baza por perdida. Con ellos nunca se sabe si han logrado todos sus objetivos o cuántos de los que consideraban posibles o probables.
La reserva sobre la efectividad de la Carta de Derechos Fundamentales es lamentable, pero no es grave; es materia sobre la que se puede avanzar más adelante. Y la resistencia a un superministro de Exteriores de Europa era presumible, y no ha impedido una definición más completa de esa responsabilidad, que se va dibujando cada día con más precisión. Ese responsable de política exterior y de seguridad, junto con un nuevo presidente del Consejo durante treinta meses y a plena dedicación, van a ir configurando un poder europeo tangible, un teléfono y un despacho al que se puede llamar a cualquier hora.
El caso polaco es de otra naturaleza, la obcecación de los gemelos polacos tiene mucho de efectismo y localismo; la defensa del derecho de veto y la puja por unos votos más o menos en el Consejo tiene poco futuro. Los gemelos no han bloqueado la cumbre, sólo han sacado de quicio a los más influyentes, a los que antes o después tendrán que pedir árnica. Los polacos actuaban más en clave interior que europea, y una vez que la canciller anunció que convocaría la Conferencia Intergubernamental sin ellos y que el nuevo presidente francés les dejó claro que no le gustaba su posición, no tuvieron más opción que bajar la cabeza y aceptar una oferta para salvar la cara.
El triunfador de la cumbre ha sido Sarkozy, que se estrenaba en ese escenario para enterrar el estilo de su predecesor en un cuarto de hora y ratificar que su alianza con Merkel es decisiva. La canciller sale también reforzada, acredita que hace lo que dice, al igual que ese veterano muñidor que es el luxemburgués Junker, imprescindible en estos embrollos. Y también sale reforzado el español Rodríguez Zapatero, que no era necesario en los cabildeos de esa noche, que ha sido un ausente o un silente en otras cumbres en las que ha participado. En ésta estuvo en la pomada hasta verificar que su opción franco-alemana es la buena. Más seria, desde luego, que ese afecto sobrevenido de Rajoy por los gemelos polacos a los que felicita para molestar a su adversario.
FGUrbaneja@wanadoo.es
lunes, junio 25, 2007
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