lunes 25 de junio de 2007
Sangre española en el Líbano
LA guerra del Líbano se ha cobrado la vida de seis soldados españoles y son varios los heridos causados por un atentado al paso del vehículo militar en el que patrullaban por el sur del país, muy cerca de Jiam y a pocos kilómetros de la frontera con Israel. Todavía se desconoce la autoría del atentado, pero no hay que descartar ninguna hipótesis, ya que recientemente Al Qaida amenazó a España por su presencia en el Líbano y Afganistán, y la propia milicia chií de Hizbolá acusó hace unos días al contingente de Naciones Unidas desplegado en la zona de estar trabajando para los intereses de Israel, su gran enemigo.
En cualquier caso, y con independencia de quiénes hayan sido los autores del ataque terrorista, lo más urgente es ahora atender a los heridos, garantizar la seguridad de nuestro contingente militar en el Líbano y honrar a los caídos españoles como es debido, esto es, eludiendo los actos vergonzantes en los que otras veces ha incurrido el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Por eso, hay que insistir en que han fallecido seis soldados españoles en una misión exterior expuesta a un alto riesgo, tal y como por desgracia han demostrado los hechos. Nuestros soldados merecen de su Gobierno un homenaje que esté a la altura de su sacrifico por la causa de la paz y la libertad. Por tanto, esta vez el presidente Zapatero no tiene excusas: debe actuar con responsabilidad y no puede evitar, como ha hecho otras veces, la exposición de su persona ante los medios de comunicación y ante las cámaras de televisión durante el funeral de Estado que exige la memoria de nuestros soldados.
Nadie discute que nuestro país debe seguir desempeñando la misión exterior que realiza en territorio libanés. España forma parte de una Fuerza de Interposición de Naciones Unidas en el Líbano (FINUL) que trata de poner paz en una zona en guerra que enfrenta a las milicias chiíes de Hizbolá con todo el mundo, incluyendo aquí al propio Gobierno libanés y a Israel, con quien mantuvo un duro enfrentamiento el año pasado. A pesar de la torpeza y los dislates demagógicos con los que José Luis Rodríguez Zapatero abordó la crisis generada hace un año a raíz del enfrentamiento entre los terroristas de Hizbolá e Israel, lo cierto es que España está haciendo lo que le corresponde hacer: contribuir a la frágil estabilidad de un país castigado por la guerra civil y la desestabilización terrorista de Hizbolá. Y aunque en el verano de 2006 perdimos buena parte de nuestro crédito y la tradicional capacidad de interlocución española en Oriente Próximo debido a los gestos anti-israelíes que protagonizó el presidente Zapatero, el envío de 1.100 soldados españoles al Líbano ha compensado los errores generados por sus críticas al Gobierno del primer ministro Olmert y por tomar partido en el conflicto al lucir en un mitin socialista el pañuelo palestino.
Al igual que sucede en Afganistán, y antes en Irak, nuestro país desarrolla en territorio libanés un gran esfuerzo militar contribuyendo a la seguridad del conjunto de Oriente Próximo y de la comunidad internacional. Nuestro Gobierno no puede negar, como hace una y otra vez, los riesgos de esta misión, como tampoco puede hacerlo en Afganistán. Estamos en medio de un avispero peligrosísimo y la opinión pública española tiene que saberlo. Las medias tintas y la ambigüedad siempre son malas, pero en este caso más todavía, ya que los ciudadanos tienen derecho a saber si se garantiza o no la seguridad de nuestros soldados. Urge, por tanto, la comparecencia del Gobierno para explicar en el Congreso de los Diputados qué es lo que ha sucedido en el Líbano -en este sentido merece un elogio la rápida respuesta, ayer, del ministro de Defensa, José Antonio Alonso-, porque es necesario aclarar las condiciones en las que nuestras tropas llevan a cabo su misión. Sobre todo después de las enormes dosis de demagogia que desplegaron los socialistas cuando estaban en la oposición y criticaron sin ningún recato las misiones exteriores que abordó José María Aznar al frente del Gobierno. El sentido de Estado se demuestra así: dando la cara sin hurtar a los ciudadanos los peligros de una misión extremadamente grave en un país en guerra y bajo el azote del terrorismo.
lunes, junio 25, 2007
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