sábado, junio 23, 2007

Renegociar la Union

sabado 23 de junio de 2007
Renegociar la Unión

Las reticencias polacas a aceptar las ofertas de la presidencia alemana sobre el sistema de voto en el Consejo de Ministros de la UE marcaron ayer la cumbre de Bruselas, en una tensa jornada en la que los avances producidos en otros ámbitos permitirían superar el 'impasse' que caracterizaba la vida comunitaria desde que franceses y holandeses rechazaron el Tratado Constitucional. La terca estrategia negociadora de Polonia erigió a los gemelos Lech y Jaroslaw Kaczynski en protagonistas del Consejo, que ha consagrado el abandono del envoltorio constitucional en aras de un necesario consenso que permita salvaguardar, en lo sustancial, el más importante proyecto de Carta Magna concebido hasta la fecha. La propuesta española de sustituir el nuevo cargo de 'ministro de Exteriores' comunitario por el de 'Alto Representante de la UE' permitió desatascar uno de los principales focos de conflicto. El acuerdo en este punto, una de las prioridades del Gobierno español, allana el camino a Javier Solana para acceder a un puesto reforzado en sus medios y atribuciones. La participación de España venía marcada por la paradoja que implica haber sido la cabeza visible de los 18 países que han aprobado el Tratado Constitucional en una cita destinada, precisamente, a rebajar sus contenidos. La forzosa renuncia a la denominación constitucional del nuevo tratado que vaya a surgir, una vez quede despejado el resultado final de un complejo y frustrante método negociador, desluce el significado del referéndum celebrado en España el 20 de febrero de 2005. Desde la Transición, existe una poderosa corriente europeísta que vincula la modernización de nuestra sociedad a la pertenencia a la UE, un consenso que explicaría que una mayoría de ciudadanos diera el 'sí' al proyecto constitucional -con unos pobres índices de participación- a pesar de la ausencia de un debate profundo sobre el texto. El último Eurobarómetro, presentado esta misma semana, confirma que tres de cada cuatro españoles apoyan el proyecto comunitario, y que crece la satisfacción con la pertenencia a la Unión. Sin embargo, la diplomacia española, que reunió en enero en Madrid al grupo de los llamados 'amigos de la Constitución', no ha logrado traducir este caudal a favor de la integración en un liderazgo más nítido, que impusiera su voz sobre la de los más reacios a seguir profundizando en la construcción comunitaria.

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