sabado 23 de junio de 2007
Zapatero sonámbulo
Defendiendo sus intereses nacionales, Polonia también defiende los intereses europeos de España, aunque España no lo sepa...
En París, Le Monde despliega en sus páginas un gráfico muy pedagógico que permite comprender cómo Varsovia ha defendido los intereses nacionales de Madrid en Bruselas. Una línea amarilla subraya cómo el Tratado de Niza, siempre en vigor, daba a España y a Polonia un peso muy próximo al de Alemania, Francia, Inglaterra e Italia -en votos- en las instituciones europeas. A su lado, una línea amarilla recuerda cómo el proyecto de tratado constitucional aprobado por los españoles en referéndum recortaba mucho el peso de España y Polonia, en beneficio institucional de Alemania, Francia, Inglaterra e Italia. En el mismo gráfico, una línea roja subraya el peso de España en las proposiciones de Polonia en Bruselas, y esa línea intenta aproximar el peso y derecho de voto español y polaco al peso y poder de sus poderosos vecinos.
En Ginebra, Le Temps recuerda que José Luis Rodríguez Zapatero, en Bruselas, sólo se ha «atrevido» a «enfrentarse» a Tony Blair, que se niega a aceptar para Inglaterra lo que Zapatero sí acepta para España: una palmaria pérdida de soberanía en terrenos tan sensibles como la diplomacia o el parlamento nacional, que España acepta alegremente, sin tener peso institucional ante las iniciativas de Berlín, París y Londres, que sí tienen diplomacias nacionales.
En Londres, el Times y el Telegraph subrayan el principio cardinal inglés: Londres no acepta cesiones de su soberanía que afecten a sus instituciones nacionales. En Berlín, la Deutsche Welle elude ese problema continental, dando por supuesto que Alemania tiene un poder decisivo en todas las maniobras europeas.
En ese marco, International Herald Tribune, en París, evoca otro problema de fondo: las iniciativas diplomáticas nacionales, españolas, ante Cuba, han tenido la virtud de precipitar las críticas del Gobierno cubano, las reservas de Washington y la división de la Unión Europea.
Juan Pedro Quiñonero
sábado, junio 23, 2007
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