miércoles, junio 06, 2007

Primo Gonzalez, La necesidad de una subida

jueves 7 de junio de 2007
La necesidad de una subida Primo González

La subida de los tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE) hasta el 4% había sido anunciada con más de mes y medio de antelación por el máximo responsable de la entidad monetaria, de modo que casi nadie se habrá visto sorprendido por el anuncio de este miércoles, en el que los tipos han subido un cuarto de punto. Los tipos de referencia para las hipotecas, que constituyen la parte sociológicamente más visible del impacto de los tipos de interés oficiales en la economía real, ya estaban por encima del 4% desde hace algún tiempo, de modo que muchos españoles ya estaban pagando prácticamente por anticipado el movimiento alcista oficial que ahora acaba de realizar el BCE.
¿Era necesaria la subida? Quienes la han decidido tienen en sus manos indicadores adelantados que les permiten vislumbrar en buena medida lo que va a suceder meses después con la inflación y las señales son en la actualidad medianamente preocupantes, lo que explica en parte la decisión. El Banco Central Europeo tiene como responsabilidad prácticamente única velar por la estabilidad de precios, de ahí el empeño con el que se aplica a evitar futuros disgustos en la materia. Pero la subida de tipos de interés tiene también un efecto disuasorio: es una forma de enviar mensajes a los agentes económicos para que no desborden sus expectativas de gasto ni sus apetencias de aumento de rentas. Es decir, un mensaje destinado a convencer a la gente de que, yendo despacio, el camino cunde más. Y de eso se trata: de preservar un crecimiento económico lo más cercano posible al potencial de la economía (ahora estamos incluso por encima, lo que se atribuye a las reformas estructurales realizadas en algunos países) durante el mayor tiempo posible para lograr los mejores resultados en materia de empleo y, a la postre, de bienestar.
La medida tiene, sin embargo, un carácter relativamente discriminatorio y selectivo. Desde la creación del euro y desde que existe una autoridad monetaria común, la política de tipos de interés es común para todos los países que integran la zona euro, la Unión Monetaria. Sin embargo, los niveles de inflación son muy diferentes por países y los ritmos de crecimiento económico también lo están siendo, de modo especial en los años anteriores al ejercicio 2006. Por este motivo, lo que ha podido ser bueno en el pasado para las economías de bajo crecimiento (tipos de interés nominales y reales bajos) no lo era tanto para países con inflación desbordada y crecimiento alto (caso de España), lo que se ha traducido en desequilibrios económicos mayores en España que en el resto de nuestros socios comunitarios. Haber disfrutado de tipos de interés reales negativos como hemos tenido en España durante algunos de estos últimos años no ha sido exactamente un favor que nos haya hecho graciosamente el BCE. Más bien es una concesión envenenada de la que nos va a costar algún tiempo curarnos, sobre todo hasta que logremos enderezar el déficit exterior.
La subida de tipos es, por ello, una medida que será mejor para unos que para otros. Para España, en particular, puede ser una buena medicina si logra centrar mejor nuestros esfuerzos de reequilibrio económico, mientras para los países que, como Alemania, estaban disfrutando de las mieles de un crecimiento económico reforzado, las subidas de estos meses pueden poner algo de dificultad a su saludable evolución económica. En la UE conviven países con ritmos de crecimiento muy diferentes y con tasas de inflación también dispares y, por tanto, una subida de tipos no es igualmente correctora y puede ser desigualmente beneficiosa o perjudicial.
Para los bolsillos de los ciudadanos, dado el extenso elenco de clientes de hipotecas, la medida será gravosa a corto plazo (sin dramatizar), pero vivir en un país con una inflación más domesticada (y eso se supone que persigue la disciplina monetaria y las subidas de tipos de interés) no es exactamente una tragedia. Mucho menos para los sufridos clientes de las hipotecas, que en una dinámica inflacionista tienen bastante más que perder que en otra de estabilidad de precios y de dinámica positiva de creación de empleo.

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