jueves, junio 07, 2007

Miguel Martinez, Guia para interpretar el fin de la tregua

viernes 8 de junio de 2007
Guía para interpretar el fin de la tregua
Miguel Martínez
S E define a ciertos reputados periodistas como creadores de opinión, considerando que con sus sesudas reflexiones y razonamientos influyen en el pensamiento ajeno tanto como para que el más pintado modifique sus creencias y acabe por asumir como propias las teorías de quienes, desde los periódicos, las emisoras de radio y los platós de televisión, nos regalan sus juiciosas cábalas. Evidentemente, como cada uno de nosotros tiene su ideología, su corazoncito e incluso alguna que otra neurona libre y dispuesta a contribuir al raciocinio, sabemos qué periodista, emisora y canal de televisión pueden aportarnos datos y tendencias que encajen en nuestra opinión, de la misma manera que tenemos claro que lo que nos cuenten otros medios no va a servir sino para soliviantarnos el ánimo. Y si esto es así, llegamos fácilmente a la conclusión de que la opinión no se crea, sino que cada cual tiene la suya, y que los considerados creadores de opinión no son más que emisores de datos y teorías que dirigen su mensaje a un amplio abanico de receptores, y que, dependiendo de la coincidencia en la onda en la que se muevan emisor y receptor, esas teorías serán procesadas con aquiescencia o con adversidad. Probablemente en algún lugar recóndito deban existir periodistas imparciales que describan acontecimientos y emitan valoraciones neutras, coherentes y nada partidistas, de la misma manera que existirán receptores neutros –o indecisos- con predisposición a formarse una opinión con base en criterios objetivos, pero como en la mayoría de los casos al que más y al que menos –ya sean emisores o receptores- se nos ve el plumero, y como quien les escribe tiene la voluntad de reunir entre sus queridos reincidentes a lectores de todo tipo de ideologías y creencias, servidor les propone una guía para interpretar, de diversas formas y desde distintos prismas, la noticia de que ETA haya dado por finalizado oficialmente el alto el fuego, ofreciéndoles una serie de razonamientos que le permitirán, cómodamente y sin salir de su domicilio, encontrarse a la última en cualquier tertulia de cafetería o de sobremesa con sus amiguetes, independientemente de cuál sea su postura respecto a la preocupante noticia. Aquellos de mis queridos reincidentes que estén predispuestos a creer que la comunicación del fin de la tregua no es más que la constatación del fracaso del Gobierno, puede esgrimir los siguientes argumentos: “Ceder ante una organización terrorista es un error que sólo sirve para fortalecer a esa organización” –Rajoy dixit-. Prueba de que así ha sido la constituye el hecho de que la banda no ha dejado de aprovisionarse de explosivos y de armamento, manteniendo durante la tregua extorsiones sobre empresarios vascos a los que se les ha “recomendado” colaborar con el consabido “impuesto revolucionario”. De la misma manera da la sensación de que se ha tenido cierta condescendencia desde la Fiscalía General con el mundo etarra, y que ésta, finalmente, no ha servido para nada. Resultaba más que previsible que las peticiones hechas al gobierno desde el entorno etarra en la negociación serían, no ya inaceptables sino inasumibles, y que llegados al punto de desacuerdo en el que ETA no se saliera con la suya, era más que probable que rompieran –como así ha ocurrido- la baraja. Si por el contrario, usted, querido reincidente, es de los que cree que el Gobierno tenía la obligación de no dejar pasar la oportunidad de llevar a buen término un proceso negociado que llevase a la paz y a la entrega de las armas por parte de ETA, siempre podrá objetar lo siguiente: Era una obligación inexcusable del gobierno intentarlo. Otros gobiernos anteriores también lo intentaron. La frase “el Gobierno ha hecho, hace y hará todo lo que esté en su mano por buscar los caminos de una paz definitiva” fue expresada en su día por Aznar –que denominaba a ETA “movimiento vasco de liberación”, no lo olvidemos- durante la anterior tregua, en la que, dicho sea de paso, contó con el apoyo de todos los grupos políticos incluso cuando la tregua se truncó, mientras que en esta ocasión la oposición –del PP, porque el resto de partidos apoyaron de forma expresa la negociación- no ha hecho más que poner palos en las ruedas durante todo el proceso con el claro objetivo de dinamitarlo, en lo que ha resultado un descarado intento de obtener rédito político de la situación. Y por último nos queda un tercer argumento, el preferido por quien les escribe, uno que no culpabiliza ni al Gobierno ni a la oposición y que no tiene que ver con el tan manido recurso empleado por nuestros políticos del “tú más” o del “tú peor”. El argumento objetivo e incontestable en el caso de que ETA vuelva a matar no puede ser otro que el siguiente: Si ETA mata de nuevo no habrá otro culpable que la propia ETA. Justificar que la vuelta de los terroristas a las armas tiene alguna otra connotación que no sea su propia voluntad de mantenerse fuera de la ley y de los cauces democráticos sería casi como legitimar su razón de ser y sus procedimientos. ¿Acaso es justificable algún atentado? Claro que este razonamiento da muy poco juego político y no incita ni a unos ni a otros a ponerse mutuamente como un trapo, ya sea en el Congreso o en los distintos medios de comunicación, que es -visto lo visto- lo que de veras “pone” al votante y al lector. Y así nos va.

No hay comentarios: