lunes, junio 25, 2007

Miguel Angel Loma, El bonito caso de Jenny y Jennifer

martes 26 de junio de 2007
EL BONITO CASO DE JENNY Y JENNIFER
Miguel Ángel Loma

U NA nota de agencia informaba recientemente de que en la histórica ciudad inglesa de Cambridge había tomado posesión como alcaldesa Jenny Bailey, del Partido Liberal-Demócrata. Lo singular del nombramiento es que se trata de la primera transexual que llega a una alcaldía británica, porque Jenny nació hombre, se casó con una mujer con la que tuvo dos hijos, y posteriormente se cambió de sexo. Hasta ahí la noticia podía incluirse dentro de la normalidad de una avanzada cultura de progreso como la occidental. Pero se complicaba un poco cuando en la misma nota se añadía que la nueva primera dama de la ciudad (pareja de la anterior) es otro transexual, Jennifer Liddle que, al igual que Jenny, también nació hombre y luego se transformó en mujer. Traduciendo: Jenny nació hombre y se transformó en mujer, pero siendo ya mujer, como no le debían de gustar los hombres, eligió como pareja a otra mujer; pero no a una mujer de nacimiento, que eso sería demasiado previsible («es lo que ellos creen que haríamos», como decían en las películas), sino a una mujer que como ella-él también nació hombre y luego se transformó en mujer, y a la que, curiosamente, tampoco le gustaban los hombres sino las mujeres que, como Jenny, antes habían sido hombres. Y es que no hay nada como tener las ideas claras en la vida personal, para orientarse mejor ante las procelosas aguas de la compleja vida municipal. Nuestras autoridades educativas deberían introducir este caso en la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía como vivo ejemplo de una afectividad sexual bien orientada. Aunque lo ideal sería que entre la ministra de Educación y la de Cultura le subvencionaran una película a Almodóvar sobre el tema bajo el sugestivo título de «La buena orientación», decretando su obligado visionado a todos los alumnos, como requisito indispensable para pasar de curso. De esta bonita manera contribuiríamos también a aumentar la presencia de espectadores españolitos en películas del país, resolviendo dos problemas culturales de gran demanda social.

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