martes 26 de junio de 2007
Cuando al Rey le robaron el Rolex Jaime Peñafiel
Los baños de multitud, que los políticos gustan darse de vez en cuando, tienen sus riesgos. A los responsables de la seguridad no les gustan e intentan evitarlos. No siempre lo consiguen.
Todavía recuerdo aquellos primeros viajes de Don Juan Carlos, por ciudades y pueblos españoles, recién proclamado Rey, acercándose a la multitud para estrechar las manos que se le tendían en entusiastas súplicas de afecto y simpatía.
En uno de estos populistas gestos “perdió” el anillo que siempre llevaba en el dedo meñique de la mano derecha. Fue en Sevilla.
Alguien, que estrechó su mano, debió “encontrárselo” en la suya propia. El sudor, posiblemente, facilitó la “pérdida”.
La desaparición del reloj del presidente Bush, que repentinamente desapareció de la muñeca de la mano izquierda, cuando saludaba a la multitud durante la visita a Albania, me ha recordado la anécdota de nuestro Rey.
A diferencia del reloj del presidente norteamericano que, según las autoridades albanesas, apareció mas tarde (muchos dudan de la versión oficial), del anillo de Don Juan Carlos jamás se supo. Posiblemente alguien lo debe conservar como su mejor tesoro. Vaya usted a saber adónde ha ido a parar.
No era la primera vez que el Rey “perdía” o le “robaban” una joya. Un Rolex de oro siempre lo es.
Sucedió en París en 1965, cuando todavía no había sido designado heredero “a título de Rey” por el general Franco. Era tan sólo el Príncipe. Ni tan siquiera “de España”, eufemístico tratamiento que el dictador se sacó de la manga para no otorgarle el título de Príncipe de Asturias, ya que era reconocer a Don Juan como Rey.
Ignoro en qué hotel parisino se alojaba. Me imagino que nada parecido a aquel bueno, pero económico, junto a la estación de Saint-Lazare, adonde les llevó, a él y a su fiel ayudante Alfonso Armada, un taxista.
Debía de ser tan malo que ninguno de los dos ha logrado olvidar el olor de aquella habitación y sus extraños espejos. ¿Se trataba de un meuble?
El del segundo viaje a la capital de Francia posiblemente era mejor, pero no precisamente por la seguridad.
En un momento en que abandonó la habitación, para contemplar, desde la terraza, un desfile aéreo, le robaron su Rolex de oro.
Se encontraba en París con motivo de la boda de su primo, Carlos de Borbón Dos Sicilias, con la princesa Ana de Francia, ceremonia a la que acudió en compañía de Sofía, con la que ya llevaba casado tres años.
¿Dónde estaba ella, subió también a la terraza? Ignoro si ese reloj era el regalo de bodas.
martes, junio 26, 2007
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