viernes 8 de junio de 2007
LAS JOYAS DE LA CORONA
Adolfo Suárez hace… treinta años Jaime Peñafiel
El próximo día 15 hará treinta años, ¡treinta años ya!, de las primeras elecciones generales con las que millones de españoles acudieron a las urnas, la inmensa mayoría por vez primera.
Con tal motivo, varias cadenas de televisión, como Antena 3 y Telecinco, se han anticipado a esa fecha, ofreciendo amplios espacios monográficos sobre Adolfo Suárez, el héroe indiscutible de aquella transición tan modélica. Antena 3, más institucional, más político. Telecinco, más entrañable, más humano.
Posiblemente, por aquello de que lo que más interesa al hombre es el hombre, la cadena de Paolo Basile, con su programa Hormigas blancas, obtuvo un 24,9% de share frente a un 16,2 de la tele de Carlotti con el programa dirigido por Gloria Lomana, también magnífico.
Hay que reconocer que la figura de Adolfo Suárez se ha ido magnificando con el paso del tiempo. A pesar de los silencios mediáticos, a veces injustamente prolongados, y de su propio silencio a causa de su actual estado de salud. Al parecer ha olvidado el presidente que fue, e incluso la muerte de su esposa y de su hija Mariam.
Este periodista, que ha conocido y tratado a tanto personaje público, tiene que reconocer no ha habido ninguno dotado de tanta dignidad y tanto valor como él.
Adolfo supo, desde el primer momento, que muchos españoles, de todo signo político y condición social, mantenían profundas reservas sobre su persona y su trayectoria.
Los de derechas no le perdonaban su “traición” y lo del PCE. Los de izquierdas no se fiaban de su pasado como figura del franquismo y del movimiento. A los que “no saben, no contestan” no acababa de convencerles.
A pesar de ello y por su obra maestra de la transición, Adolfo Suárez se ha ganado el derecho a que su nombre figure, para siempre, en el frontispicio de la historia de España.
Confieso, con orgullo y satisfacción, haber sido autor de la primera entrevista de su carrera como presidente-candidato, en la revista Hola.
Aceptó porque era consciente de que el 52% del censo electoral estaba compuesto por mujeres que votaban por primera vez, votantes que tenían que conocer los aspectos de la vida en familia del presidente.
Aquel reportaje de ocho páginas y 22 fotografías le reportó, como me reconoció, cientos de miles de votos gracias a la alta tirada de la publicación y su penetración en el mundo de las amas de casa y del público femenino tradicional.
Fue de tal impacto aquella entrevista-reportaje que en una peluquería se oyó exclamar a una abogada laboralista cuando leía el Hola: “A este tío le voto yo aunque no sea de mi partido”.
Y es que Suárez tuvo siempre mucho gancho para las mujeres.
La imagen de un político acompañado de su esposa y de sus hijos, formando una familia feliz, vende muy bien en Estados Unidos, en Inglaterra y también en España.
¡No hay nada más rentable, electoralmente hablando, que un póster familiar o un reportaje en familia!
¿Un rey adultero? ¿Un presidente mujeriego? ¡Puf! ¡Ni hablar!
Aquellas imágenes eran, por sí solas, la representación de la felicidad familiar del presidente, que se recuperaba de sus tensas y agotadoras jornadas de trabajo y preocupación gracias al desvelo de su esposa y de sus hijos. Una sufridora esposa prestándose a la escena del sofá y a románticos paseos por los jardines de la Moncloa y unos hijos, tantos como cinco, retozando en torno a papá y a mamá en una hermosa tarde de primavera.
Era la más idílica imagen familiar que se podía prestar a los lectores. Éstos entendieron el mensaje y le dieron toda su confianza, en forma de votos, y la victoria en aquellas primeras elecciones generales de las que el próximo día 15 hará treinta años.
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