lunes, junio 25, 2007

Inocencio Arias, Divisiones sobre la tragedia de Darfur

lunes 25 de junio de 2007
Divisiones sobre la tragedia de Darfur Inocencio Arias

El drama de la zona sudanesa de Darfur, con 300.000 muertos y 2.000.000 de desplazados según muchos cálculos, sigue sangrando y creando divisiones. La última es chocante y trágica.
Darfur, un genocidio ignorado por la opinión pública europea, ha venido dividiendo a la ONU. En el Consejo de Seguridad, las denuncias de ciertos países occidentales espoleados por las protestas de determinados actores y cantantes, Bono, George Clooney..., eran frenadas por las maniobras dilatorias de algunos países, entre ellos algún miembro permanente del Consejo, deseosos de no molestar mayormente al Gobierno de de Sudán. Los dirigentes de esta nación han podido racanear a la hora de actuar para detener las matanzas o a la de aceptar el envío de tropas de la ONU. Una vez más, los intereses económicos o políticos de las potencias, o el ansia de no molestar a un cliente paralizan a la ONU. El ejemplo de Darfur no es muy edificante para predicar la efectividad y necesidad de las Naciones Unidas.
Surge ahora, además, otra fractura de bastante calado. Es la de las instituciones humanitarias que quieren detener o aliviar el calvario de Darfur. No están de acuerdo en cómo hay que hacerlo, y la solución que propugna un bando es considerada totalmente contraproducente por el otro. Las posturas son las siguientes:
De un lado, están los activistas políticos humanitarios que creen que se ha tenido toda clase de contemplaciones con el Gobierno de Sudán y con los que los apoyan y que es hora de pasar a los hechos: sanciones generalizadas contra Jartum, establecimiento por la fuerza de una zona sobre la que no se pueda volar para que los aviones gubernamentales no puedan aportar ayuda a los que masacran a la población... Es la postura sostenida por grupos como Save Darfur, que ha publicado enormes anuncios en ese sentido en Estados Unidos, etc.
De otro se encuentran los humanitarios que trabajan sobre el terreno, Médicos sin Fronteras, etc., que argumentan que las sanciones conducirán a una escalada de la violencia y que parar los aviones significará que tampoco llegarán los de ayuda humanitaria. Según ellos, la política agresiva llevará a la destrucción de Darfur queriendo salvarlo.
Los activistas replican inmediatamente que los paños calientes han dado poco resultado y que día que pasa hay más muertos, más hambre, más violaciones de mujeres...
La controversia no es nueva. En Afganistán ya se enfrentaron los grupos feministas que querían una intervención para acabar con las humillaciones causadas por los talibanes con los que pensaban que el remedio sería peor. En Kosovo ocurrió otro tanto.
Generalizar sobre cuál es la mejor solución es problemático. En Darfur, con todo, es fácil extraer una conclusión: ¿habría permitido el régimen de Sudán que se desarrollara esa barbarie si todas las grandes potencias le hubieran amenazado o presionado?
Probablemente no.

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