lunes, junio 25, 2007

Continuidad en Dowing Street

lunes 25 de junio de 2007
Continuidad en Downing Street
LA parsimoniosa despedida de Tony Blair de la política ha llegado a su fin en una atmósfera llena de simbolismo. Aunque seguirá siendo primer ministro hasta el próximo miércoles, cuando presente formalmente su dimisión a Isabel II, ayer se confirmó su relevo al frente del laborismo británico. Mientras el congreso de su partido aprobaba la designación de Gordon Brown como su sustituto para tomar las riendas del Gobierno, las encuestas indican que en este momento los laboristas volverían a ganar las elecciones frente a los conservadores, y que la herencia de casi tres mandatos consecutivos es, en conjunto, satisfactoria. A diferencia de muchos de sus predecesores, Tony Blair se ha despedido dejando anclado -a su manera, pero bien anclado- al Reino Unido en la Unión Europea, a la vez que ha dotado a la UE de una buena herramienta para seguir avanzando en el mundo. Las dudas sobre si Gordon Brown es más o menos europeísta que Blair no van a tener ya mucha importancia: Blair ha hecho muy buenos discursos, pero a la hora de la verdad ha sido un gran pragmático. Puede que Brown se exprese en otros términos, pero no tendrá más remedio que rendirse también a la evidencia de que el futuro del Reino Unido está vinculado al de Europa.
En general, no es de esperar que Gordon Brown vaya a imprimir un sello muy distinto al que ha marcado Blair en lo que queda de legislatura hasta 2010, entre otras cosas porque el próximo primer ministro ha participado en la mayor parte de las decisiones importantes que ha tomado Blair. De hecho, los expertos bromean diciendo que lo único que va a cambiar en el Reino Unido es que, a partir de ahora, no habrá que esperar a que el jefe del Gobierno «consulte antes con Gordon Brown», como ha sido práctica habitual durante toda la era de Blair.
Ya han empezado las peticiones para la retirada de las tropas británicas de Irak, pero afortunadamente para el próximo premier esta decisión se da ya por descontada por la vía de los hechos, aunque Brown deba administrarla con inteligencia para evitar que se puedan repetir los mismos errores cometidos en Irak en la operación de la OTAN en Afganistán.
Para culminar el adiós de un político fuera de lo común, Blair ha querido que su última visita al extranjero haya sido una audiencia con el Papa Benedicto XVI, como preludio de su prácticamente segura conversión al catolicismo. No se podía haber imaginado un gesto más cargado de significado que éste, que Blair ha sabido administrar con prudencia y valentía en unos tiempos en los que no resulta fácil la defensa de ciertos valores religiosos y morales. Más allá del hecho histórico que representaría esta decisión, aplazada ya para cuando deje de ser primer ministro, lo cierto es que no es corriente que los grandes responsables políticos se atrevan a hacer suyos gestos como éste.

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