miércoles, enero 16, 2008

Thomas Sowell, Lo que no le cuentan los progres en us año fetiche

miercoles 16 de enero de 2008
LO QUE NO LE CUENTAN LOS PROGRES DE SU AÑO FETICHE
Las grandes conmociones de 1968
Por Thomas Sowell
El 40º aniversario del célebre y turbulento 1968 ha dado pie a las evocaciones cargadas de nostalgia. No le queda duda de que nos caerá encima un chaparrón de libros, artículos y programas de televisión protagonizados por carrozas que pretenden revivir sus días de juventud.

Los acontecimientos de 1968 tuvieron, tienen, consecuencias. Pero no las que nos quieren vender quienes han convertido tal año en puro mito.

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La primera de las conmociones que trajo el 68 fue la denominada Ofensiva del Tet, unos crudelísimos ataques de las guerrillas comunistas sobre las ciudades de Vietnam del Sur. Que esa suerte de guerra de guerrillas a gran escala tuviera lugar luego de que destacados funcionarios norteamericanos realizaran declaraciones harto halagüeñas sobre el desarrollo del conflicto por entonces en curso en ese país asiático provocó un verdadero terremoto en EEUU.

De la Ofensiva del Tet pudo haberse concluido que los altos cargos políticos y militares no deben darse a los vaticinios esperanzadores, pero lo cierto es que el mensaje que se impuso fue éste: no hay manera de vencer en Vietnam.

En realidad, la Ofensiva del Tet no sólo se saldó con una derrota en toda regla de las guerrillas comunistas, sino que éstas fueron prácticamente aniquiladas como fuerza militar de envergadura. En lo sucesivo, los ataques sobre Vietnam del Sur serían cosa del Ejército de Vietnam del Norte. Ahora bien, en términos políticos representó una fabulosa victoria para los comunistas; y no en Vietnam, sino en EEUU. Y es que los medios de este país, con el célebre Walter Cronkite a la cabeza, vieron los acontecimientos como una derrota de Norteamérica y una muestra de que no se podía ganar la guerra.

Esto condujo a la segunda gran conmoción del año: el presidente Lyndon Johnson anunció que no se presentaría a la reelección. Johnson sabía que el apoyo popular a la guerra había sufrido un golpe devastador, y que ello hacía que fuera políticamente imposible salir victorioso de la misma.

Repare un momento en la situación. Los soldados americanos se dejaban la vida (50.000 de ellos, literalmente hablando) por vencer en el campo de batalla; pero cuando lo conseguían se encontraban con que, en casa, la victoria se convertía en la basura más inmunda por obra y gracia de los medios, los políticos y los sujetos que andaban desatando el caos en las calles y los campus universitarios.

Con el correr de los años, los propios líderes comunistas de Vietnam admitían que su victoria sobre EEUU no había sido de orden militar, sino político.

El tercer acontecimiento conmovedor lo encontramos en el asesinato de Martin Luther King y en la subsiguiente oleada de disturbios que asoló innumerables barriadas negros del país.

Algunos, presos de la nostalgia, han visto esas orgías de devastación, vandalismo, saqueos y muerte como "vastos levantamientos" contra "el sistema". Pero lo cierto es que a Luther King no lo mató "el sistema", sino un asesino. Y que los grandes perjudicados por los disturbios fueron los barrios negros en que se produjeron. Muchas de ellos jamás consiguieron recuperarse. Los negocios y los puestos de trabajo se fueron para no volver.

Apenas dos meses más tarde sobrevino la siguiente gran conmoción: el asesinato de Robert F. Kennedy. Hubo sesudos analistas que trataron de sostener que, de alguna manera, América era responsable de estos dos últimos crímenes. Pero lo cierto es que a Robert Kennedy no lo asesinó un americano, sino un iraní.

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Junto con estas sacudidas de alcance nacional se produjeron otras de alcance local o regional, mientras que las universidades se vieron sumidas en un mar de protestas y algaradas estudiantiles.

En los barrios negros como en los campus, los disturbios cobraron vigor allí donde las autoridades fracasaron a la hora de imponer su autoridad para reinstaurar el orden. Los barandas de las universidades pretendían solventar los problemas a base de negociaciones, concesiones y declaraciones en las que decían "comprender" a los alborotadores.

Numerosos profesores universitarios se felicitaban a sí mismos cuando, en los años 70, la calma volvió a los campus. Pero se trataba de la calma que sigue a la claudicación. En este punto cabe decir que la claudicación llevó aparejada la creación de departamentos dedicados por completo al adoctrinamiento ideológico y que han emponzoñado de múltiples maneras la vida universitaria.

Así que sí: no cabe duda de que el 68 dejó huella. Pero qué huella.


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