miércoles, enero 23, 2008

Marcello, El golpe (de Gallardon)

miercoles 23 de enero de 2008
El Golpe (de Gallardón)

Marcello está revolcándose de risa sobre su alfombra preferida, como su primo Pancho en el Caribe tras haberse fugado con el premio gordo de la Bonoloto. Y no es para menos, porque en contra de lo que creen todos los conspiradores que apuñalaron al alcalde, como a César, el muerto no está muerto, salvo que se haya muerto de la risa que le ha producido el grotesco espectáculo de la cúpula del PP y de sus medios afines. Aunque el alcalde disimula en público, llora sus heridas —que ya van cicatrizando, empieza decir—, se confiesa derrotado y deambula como un alma en pena, mientras interpreta a Hamlet exhibiendo la calavera de Yorik, como si fuera la suya, aunque en realidad sea la de Rajoy.
En realidad, Gallardón ha interpretado magistralmente su papel de víctima, con la ayuda de Manolo Cobo, como si ambos dos jugaran al gran timo de la película El Golpe que tan magistralmente interpretaron Paul Newman y Robert Redford, frente a una banda de forajidos, que han quedado todos a la intemperie y con el culo, de sus intrigas y ambiciones, al aire, que es de lo que se trataba.

Imaginemos, por un momento, que Gallardón sabía muy bien que, fuera o no diputado, nunca podría conseguir la presidencia del PP en un Congreso de su partido, porque en contra de esa posibilidad están sus adversarios, Aznar, Rato, Cascos, Aguirre, Acebes, Zaplana, Mayor, etc. No tenía nada que hacer. Salvo hacerse la víctima, a ver si ante un claro fracaso electoral del PP las bases lo aclaman como líder; o, en el caso contrario, para volar solo hacia un nuevo partido de centro, sin que en ese caso nadie le llame traidor. Porque el traicionado ha sido él, y los culpables de su destierro son la famosa banda de la conspiración, que no cesa.

Además, en este tiempo de crisis bursátil el valor de Gallardón está en alza una vez que desde el PSOE —de manera interesada— como desde el PP —de manera despectiva— lo están presentando ante el conjunto de los españoles como el prohombre del centro, lo dice Fraga y lo dice Zapatero. Algo así como le ha ocurrido a Felipe González, a quien desde el PP lo presentan en las circunstancias actuales como un estadista, para devaluar a Zapatero.

Naturalmente, el pase negro que se ha dado Gallardón frente al órdago de Aguirre y al sartenazo de Rajoy tendrá a corto plazo, en la noche electoral, sus posibles y distintos efectos. Si el PP pierde las elecciones la situación del alcalde mejorará de manera ostensible, pero si, por causa de la crisis de la economía y de un posible ataque de ETA, Rajoy sale vencedor, aunque fuera por poco, entonces a Gallardón le quedaría el “plan B”: el ataque al centro político, para el que ha sido investido por el PSOE y el PP. Aunque para ponerlo en marcha le hará falta algo de tiempo, una larga reflexión, equipos y apoyos financieros y mediáticos, antes de dar el paso decisivo y de tomar la suprema decisión. Y, sobre todo, una vez que se arme, eso sí, de valor.

Pero si, mientras tanto, algunos ya están brindando con champaña por la derrota y las lágrimas de Gallardón, se han equivocado descorchando tan pronto las botellas, porque esta partida no ha hecho nada más que comenzar. Por ahora estamos, como en la película de El Golpe, en el episodio del tren, aunque falta por llegar la traca final. La gran carrera, el gran nacional, donde se medirán los mejores corceles del PP, no se sabe si con los mismos colores, pero todos corriendo en pos del control de su parcela de poder.

http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=23/01/2008&name=marcello

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