miércoles, enero 23, 2008

¿A usted no le han contado que con Franco estaba prohibido hablar vasco?

miercoles 23 de enero de 2008
Contra la falsificación de nuestra historia

¿A usted no le han contado que con Franco estaba prohibido hablar vasco?

Se lo han contado a usted, sí, y a mucha más gente, dentro y fuera de España. De hecho, el diario francés de izquierdas Libération lo afirmaba el pasado 21 de enero sin rubor: la lengua vasca estuvo prohibida bajo Franco. Falso de toda falsedad. Pasada la inmediata posguerra, el cultivo de la lengua vasca fue promovido por el propio régimen, que celebró en vasco –véase la foto adjunta- sus “25 años de paz”. El cual régimen, por cierto, abundaba en personalidades de las provincias vascongadas. Contra la manipulación histórica, en Elmanifiesto.com le contamos la verdad. Lo hacemos a partir de un texto de Jesús Laínz y su estupendo libro La nación falsificada (Ed. Encuentro), de lectura obligatoria para quien quiera saber toda la verdad sobre la gran fábula secesionista. Pase, lea y pásmese.

JESÚS LAÍNZ

“…Madariaga –el muy eminente dirigente republicano gallego, activo antifranquista hasta su muerte poco tiempo después de poder regresar a España tras cuarenta años– recordó en varias ocasiones a sus compañeros de exilio que esas acusaciones se fundaban en las mentiras más desvergonzadas. En numerosas ocasiones contrarrestó los esfuerzos que los nacionalistas vascos y catalanes realizaron ante diversas potencias en busca de apoyo para sus pretensiones. Por ejemplo, con motivo de una carta que dirigió Aguirre al presidente americano Eisenhower con ocasión de su visita a España en 1959, en la que reiteraba todos los tópicos posibles, Madariaga le contestó con una carta en la que, entre otras muchas cosas, le dijo:

"Y vengo ahora al régimen. Con frecuencia se presenta al régimen como un opresor de las libertades de Euskadi y de Cataluña, y se atribuye esta opresión a España; o a Madrid. Este modo de hablar y de escribir y de pensar es una tremenda injusticia a los españoles no-vascos y no-catalanes, y sobre todo a Madrid. Eso que nos oprime a todos es un aspecto de España, intolerante, reaccionario, antiliberal, pero no situable en ningún lugar de nuestra geografía. Y aún diré más. Si se va a intentar un mapa de España coloreando aproximadamente la densidad de eso que nos oprime a todos, no serían ni Cataluña ni Euskadi las regiones más blancas. Y aún diré más: este régimen vino con la ayuda fervorosa y aun heroica de los navarros; lo manda un gallego; lo apoyan los banqueros vascos y catalanes; y en su alto personal político y diplomático predominan vascos y catalanes. En su advenimiento cooperaron todos los pueblos españoles activa y pasivamente sin que ni uno solo pueda decir ni ´yo no tomé parte´ ni ´yo no tengo la culpa´" (Carta a José Antonio Aguirre, 5 de marzo de 1960. Memorias de un federalista, Ed. Sudamericana, Buenos Aires 1967, pp. 140-148).

Madariaga subraya que esta carta no tuvo contestación. Aguirre murió al poco tiempo, y su sucesor tampoco se dio por enterado. Escribió Madariaga al respecto:

"Cuando es reiterado, el silencio adquiere caracteres de argumento".

Al año siguiente constestaba Madariaga a otro artículo de un nacionalista vasco aparecido en la prensa venezolana:

"Habrá pues que examinar algunos de los asertos que este separatista vasco hace en ´El Nacional´. Primero. Que los españoles son los opresores y los vascos los oprimidos. Todo el mundo sabe que el régimen actual franquista que padece España es más vasco que castellano. Comenzó con una entrevista con Mussolini que cuenta el señor Lizarza Iribarren, entrevista preparada por don Rafael Olazábal y de que formaba parte don Antonio Goicoechea. Vascos son los más de sus figurones como Bilbao, Areilza, Aznar, Iturmendi, todos los Urquijos, Lojendios y demás ministros, embajadores, banqueros que pululan en la plana mayor del régimen. Todo el mundo sabe que la banca vasca, que se enriquece a costa del pueblo español, todo él, incluso desde luego el vasco, apoya y sirve al régimen. De modo que pintar el régimen actual como una opresión del país vasco por los españoles es burlarse de la gente" (Memorias..., p. 346).

(…)

Efectivamente, hubo infinidad de vascos y catalanes en las altas esferas del franquismo. En cuanto a los vascos, se podría mencionar a Antonio Iturmendi, ministro de Justicia de 1951 a 1965, presidente de las Cortes y del Consejo del Reino; José Luis Arrese, principal ideólogo del régimen, secretario general del Movimiento, ministro y miembro del Consejo del Reino; Rafael Sánchez Mazas, ministro y uno de los principales dirigentes de la Falange; Tomás Domínguez Arévalo, ministro de Justicia en el primer gobierno franquista; José Félix Lequerica y Erquiza, embajador, ministro de Asuntos Exteriores, vicepresidente de las Cortes, embajador permanente ante las Naciones Unidas; José Antonio Sangróniz, jefe del Gabinete Diplomático y de Protocolo de Franco durante la guerra; Esteban Bilbao y Eguía, ministro de Justicia y presidente de las Cortes de 1943 a 1965, entre otros muchos altos cargos; el general Orgaz, que preparara el alzamiento con Franco, capitán general de Cataluña en la inmediata postguerra y jefe del Alto Estado Mayor del Ejército; Felipe Abárzuza, gaditano de evidente estirpe vascongada, jefe del Estado Mayor de la Armada franquista durante la guerra, comandante general de la flota y ministro de Marina; José María de Areilza, conde de Motrico, embajador, director general y ministro; Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores; el embajador que protagonizó el famoso suceso interrumpiendo a Fidel Castro en directo en la televisión cubana a causa de sus ataques al gobierno español, fue el donostiarra Juan Pablo Lojendio. Significativamente, el ministro de Asuntos Exteriores bajo cuya autoridad se encontraba el vasco Lojendio era el vasco Fernando María Castiella, y su jefe de Gabinete, el vasco Marcelino Oreja Aguirre; la dinastía de los Churruca, embajadores en varios países y jefes de protocolo de las Naciones Unidas; Antonio Ibáñez Freire, director general de la Guardia Civil y ministro del Interior; Antonio María de Oriol y Urquijo, ministro y presidente del Consejo de Estado, etc. Para poner fin a esta relación, no exhaustiva, el abad de un lugar tan emblemático para el régimen franquista como el Valle de los Caídos fue el donostiarra Luis María de Lojendio. Y ya que hablamos de símbolos, el autor de la música del Cara al Sol y del himno de la División Azul fue el falangista guipuzcoano Juan Tellería.

(…)

El franquismo se dedicó, fundamentalmente en los primeros y más exaltados años del régimen, a llevar a efecto una política de represión lingüística que en unos casos provoca la indignación y en otros la risa. Se prohibieron en la Universidad las asignaturas sobre lengua, literatura e historia de Cataluña; se cancelaron las actividades del Institut d´Estudis Catalans; se prohibió a los funcionarios hablar en otras lenguas en el ejercicio de sus funciones; la predicación en las iglesias debía ser en castellano; se estableció la obligatoriedad en las regiones bilingües de poner los rótulos comerciales en castellano. La preocupación por evitar la extranjerización de las costumbres y la polución de lo español mediante usos lingüísticos no estrictamente castellanos, suscitó medidas como la prohibición de la nomenclatura sabiniana para bautizar a los niños (por sabiniana, es decir, por separatista, no por vasca, pues de vasca no tenía nada).

(…)

Sin embargo, a esta primera época de irracionalidad, que podríamos extender hasta 1945, sucedió una paulatina apertura para la utilización pública de las lenguas regionales –porque la privada, obviamente, nunca sufrió prohibición alguna, a pesar de que corra por ahí una dolosa propaganda nacionalista (dirigida sobre todo al extranjero, donde es más fácil sostener cualquier mentira) que difunde la falsedad de que hablar catalán o vasco estaba incluso penado con la muerte–.

(…)

Las ediciones de literatura en vascuence se cuentas por miles, y desde fechas tan tempranas como 1941. Por ejemplo, en 1952 se fundó la editorial Kuliska Sarta de Itzaropena, dedicada a libros en vascuence. En 1961 se fundó la editorial Auspoa, dedicada asimismo a revitalizar la lengua. En vascuence se publicaron durante el régimen franquista multitud de cancioneros, recopilaciones de leyendas, cuentos y novelas. Se editaron tebeos en vascuence en los que se enseñaba a los niños vascos la gramática, geografía e historia vascas. Desde 1961 existió un curso de vascuence por correspondencia, en discos, de la CCC. Desde los años 60 se celebra la Feria del Libro y Disco Vascos. También en pleno franquismo (desde 1948) editaba la Diputación guipuzcoana la revista literaria en vascuence Egan,que sería utilizada por numerosos escritores nacionalistas. El Consejo Provincial del Movimiento de Vizcaya publicaba su propia revista en vascuence. Y la editorial Lur, dedicada a promover la literatura moderna en vascuence, empezó a funcionar a finales de los 60. El mencionado Estornés Lasa fundó la Editorial Auñamendi a su regreso a España en 1958. En 1968 publicó el primer volumen de su monumental Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, que lleva ya publicados más de 60 volúmenes. La editorial Auñamendi está dedicada a la publicación y difusión de obras de tema vasco, escritas en castellano, en eusquera o en ambas lenguas. En 1968 nació en Vizcaya Euskerazaldeak, grupo en el que participaban personas de ideología varia en apoyo del vascuence. Se cuentan por cientos los estudios de lingüística vasca, de ortografía y sintaxis del vascuence, de historia de la literatura en vascuence, de orígenes y geografía histórica del vascuence, de toponimia, diccionarios, etc. Las ikastolas estaban subvencionadas por el Ministerio de Educación Nacional desde finales de los 60.
Mención aparte merece la Euzkaltzaindia, Academia de la Lengua Vasca, la cual, tras los primeros años de la postguerra, reanudó su actividad a partir de comienzos de la década de los 50, trabajando a partir de entonces con normalidad e incluso celebrando con fastos su cincuenta aniversario en 1968. Convocó anualmente premios literarios de novela, poesía, teatro y bersolaris en vascuence y editó decenas de miles de ejemplares de un método de aprendizaje de la lengua, método que se impartía por la radio y a través de la prensa del Movimiento.

"Se reformaron los Estatutos (1954) y se eligieron nuevos académicos de número, y a partir de 1956, Euskaltzaindia tuvo una vida más normalizada, tanto en sus actividades internas, como en la celebración de encuentros o congresos de carácter público y abierto (primer congreso de la postguerra: Arantzazu, 1956). La década que siguió (1956-1968) corresponde a una nueva generación de colaboradores, a la introducción creciente del euskera en los centros escolares bilingües de iniciativa social no-pública (ikastolak), la renovación de la prensa euskérica, los primeros intentos de alfabetización en euskera, etc. Todo ello subraya la urgencia de una normativa académica única para las manifestaciones escritas de la lengua. Esta demanda social culmina en el Congreso de 1968 (Arantzazu), que establecerá, de forma ya más sistemática, las pautas básicas para lograr tal objetivo (léxico y morfología: declinación, ortografía), lo que se completará poco después con una propuesta sobre la conjugación (1973)".

Podría pensarse que se trata de un panfleto de propaganda franquista destinado a mostrar una imagen de normalidad del eusquera durante el régimen. Sin embargo, el párrafo anterior es un fragmento de la información que la propia Euskaltzaindia da hoy sobre su historia en su página web (http://www.euskaltzaindia.net/Inicio_c.htm, 7-04-2003).
Efectivamente, el batúa comenzó a forjarse en pleno franquismo. Para amoldar el vascuence a las necesidades lingüísticas de las sociedades actuales y para evitar que la incomprensibilidad entre los dialectos del vascuence obstaculizasen aún más su supervivencia, en la segunda mitad del siglo XX se desarrolla desde la Academia de la Lengua Vasca la unificación de aquéllos en una lengua nueva: el eusquera batúa (unificado).
El batúa siempre ha tenido una importante oposición por parte de muchos vascófonos, nacionalistas o no, que le reprochan su alejamiento del verdadero vascuence y opinan que con ello se ha matado una lengua que, aunque sumamente dialectalizada, estaba viva, a cambio de la fijación de una cosa que no se sabe si acabará arraigando. En todo caso, es curiosa la dedicación del nacionalismo –en teoría defensor de las tradiciones vascas– al batúa, al fin y al cabo una adulteración de la verdadera tradición lingüística vascófona. Y como consecuencia de la creación de esta neolengua, muchos son los hijos escolarizados en batúa que tienen dificultad para entenderse con sus padres y abuelos vascófonos, por lo que se ven forzados a entenderse con ellos en castellano.
Así lo explica el autor y sacerdote nacionalista Anastasio Arrinda:

"La rotura con la tradición se ha efectuado al imponer un modelo de Batua, inspirado en el dialecto labortano y con muchas dificultades añadidas. La rotura con la tradición ha sido total. Euskeras milenarios sacrificados ante el nuevo ídolo aséptico y electrónico. Lo llaman exigencias del progreso. Las viejas generaciones no se entienden con las nuevas educadas en este Batua y recurren para entenderse, al castellano".

Respecto a Navarra, la Diputación Foral publicó desde 1966 un suplemento mensual de la revista Príncipe de Viana en vascuence. En 1973 dicha diputación aprobó las bases para la enseñanza y fomento del vascuence. En 1969 apareció el primer número de la revista Fontes Linguae vasconum. Studia et documenta. El Diario de Navarra tenía una página quincenal escrita íntegramente en vascuence. Numerosas revistas laicas y religiosas fueron publicadas en vascuence”.

(Adiós, España, Jesús Laínz, Ediciones Encuentro, Madrid, 2004).

http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=1479

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