domingo, junio 24, 2007

Nuestros soldados mueren en Libano, el Gobiernio debe explicarse

lunes 25 de junio de 2007
Nuestros soldados mueren en Líbano: el Gobierno debe explicarse
Editorial de 'El Semanal digital'

S EIS militares españoles murieron ayer en Sahel al Derdara, junto a Khiyam, en la zona de Líbano que las Fuerzas Armadas españolas protegen por encargo de la ONU, y otros resultaron heridos. Un convoy del Ejército de Tierra fue atacado con un coche bomba u artefacto activado a distancia, que además de las víctimas mortales causó heridos y la destrucción de vehículos. Además de la solidaridad que los hechos han despertado en el seno de la sociedad española, y del debido homenaje que los muertos deben recibir, es el momento para que José Luis Rodríguez Zapatero dé una explicación política. Zapatero, como líder de la oposición, lideró las manifestaciones contra José María Aznar porque la política exterior de España implicaba entonces el despliegue de las Fuerzas Armadas en países extranjeros. Su primera medida en 2004 fue la retirada del contingente militar de Irak. Tres años después la política exterior de Zapatero ha fracasado en todos sus aspectos, ya que ni España está en el núcleo rector de la Unión Europea, ni el vínculo atlántico se mantiene con el mismo vigor ni nuestros intereses nacionales están bien defendidos en la etérea "Alianza de Civilizaciones". Sin embargo, los Ejércitos siguen desplegados fuera de España, con menos provecho que nunca, en mayor cantidad que nunca y con los mismos riesgos que siempre existen en las zonas de guerra. Los muertos de ayer lo confirman. Las Fuerzas Armadas son un órgano del Estado, al servicio de la nación y a las órdenes del presidente del Gobierno, dentro de la Constitución y de las Leyes. Sus miembros están entrenados para combatir y están vinculados por un juramento en el que comprometen sus vidas al servicio del país. Los militares españoles sólo piden, y deben tener, la comprensión y la solidaridad de la sociedad, junto al cariño de los ciudadanos en estos momentos de dolor. Pero los españoles tienen derecho a recibir, además, una explicación de quien dirige su despliegue. Zapatero quiso que toda utilización del poder militar español se sometiese al Parlamento, y dispuso además por Ley que no pudiese haber más de 3000 hombres y mujeres fuera de España. Aznar nunca llegó a tanto, pero hoy el límite está a punto de rebasarse. Además, los militares españoles están ahora mismo en lugares tan conflictivos como Kosovo, Afganistán y Líbano, donde hay guerra y donde el riesgo de víctimas en el cumplimiento de sus misiones de paz es alto. A Jackson Castaño, Juan Erickson Posada, Jonathan Galea, Juan Paz, David Puerta, Jefferson Vargas, Enrique Vázquez y Juan Vidoria, los paracaidistas muertos y heridos en Líbano, nadie les ha preguntado, antes de hacer estallar las minas, si la ONU los envió allí o no; simplemente hay un conflicto y España corre un riesgo que ayer quedó demostrado. Algo ha cambiado, sin embargo. Mientras que la oposición contra Aznar empleó los conflictos exteriores como armas políticas, el PP de Mariano Rajoy ha mostrado su apoyo a las Fuerzas Armadas y su comprensión al Gobierno pese a no compartir su política exterior. Convertir unas muertes jóvenes en bazas políticas sería fácil pero innoble. Es el momento de que los Ejércitos sientan a todos los españoles unidos, siempre que además Zapatero y su ministro de Defensa José Antonio Alonso den las explicaciones que hasta ahora han callado.

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