martes, junio 26, 2007

Maria Maizkurrena, La mejor historia

La mejor historia
26.06.2007 -
MARÍA MAIZKURRENA

Historias, relatos, constituyen la materia principal de la industria del 'entretenimiento'. De EE UU nos llega la historia de Laura Albert, más conocida como J. T. Leroy, autora que todos creían autor hasta que se destapó el juego. El tribunal que la juzgaba la semana pasada en Nueva York dictaminó que hubo fraude, porque Laura Albert no se limitó a utilizar un pseudónimo para firmar sus libros, sino que lo usó además para firmar un contrato. Pero la aparición del engaño no hace sino enriquecer el producto, pues ahora tenemos la historia de la mujer que vendía, en cómodos plazos encuadernados, la vida de J. T. Leroy, una vida de abusos infantiles, prostitución, drogas, sida y toda una catarata de ingredientes escabrosos que atrajeron, bien publicitados, a un público suficiente como para crear un autor de éxito. Nunca la ficción había sido tan real. Las novelas y los cuentos que daban noticia de la vida de J. T. Leroy las escribía Laura Albert, y el personaje, cuando se trataba de posar, andrógino, silencioso y misterioso junto a Winona Ryder, Courtney Love o Marilyn Manson, lo encarnaba, detrás de unas gafas de sol, debajo de una peluca rubia, una tal Savannah Knoop. Cuando esto se supo, la productora Antidote International Films, que había comprado los derechos para llevar al cine la primera novela de Leroy-Albert, montó en cólera. Gregory Curtner, abogado de la compañía, ha dicho que ellos habían comprado la identidad del autor, y Alan Feuer, periodista del 'New York Times', aclara que lo que Curtner quería decir es que la identidad de J. T. Leroy, con sus emocionantes elementos de pobreza y prostitución, era quizás más valiosa que el libro en sí. Podríamos ir más lejos y afirmar que el libro en sí no vale nada. Lo que vale ahora es la vida de Laura Albert, que creó a J. T. Leroy por consejo de un psiquiatra pero que encontró en J. T. Leroy un negocio que se le fue de las manos. Sólo un poco. El director de cine que iba a rodar 'Sarah' ya se frota las suyas pensando en todos los nuevos ingredientes que puede añadirle a la caldera donde, finalmente, pobreza y prostitución se trivializan y se dispensan como escalofríos instantáneos en la máquina automática del ocio. ¿Y la literatura? ¿Qué tiene que ver con todo esto? Absolutamente nada, claro. «Se trata tan sólo -decía Julio Camba allá por 1931 hablando de un inverosímil museo que visitó en Nueva York- de un barracón dedicado al comercio de emociones rápidas, violentas y económicas». Si viera Julio Camba las sutilezas y la complejidad del barracón de hoy. La materia prima sigue siendo tosca, pero la industria que la explota es, social y técnicamente, muy sofisticada. El contraste es fantástico. La mejor historia.

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