sabado 23 de junio de 2007
¿Vidas privadas o públicas?
MARGARITA RIVIÈRE
En la vida política -de cualquier sitio- todo tiende a ser estrategia. 'Voilà': ni Ségolène Royal, la candidata socialista a la presidencia francesa, ni su pareja, François Hollande, secretario del Partido Socialista Francés, alardearon, durante la doble campaña electoral -presidencial y legislativas- de ser una 'couple modèle', pese a su numerosa prole, sus muchos años de vida en común y su compartida militancia política. Si hubieran sido americanos -o ¿por qué no? españoles- podrían haber tentado al votante primario con tal modélica afinidad. Visto desde aquí les observábamos: ¿Los franceses, qué serios y racionales! ¿Prescinden de 'lo rosa' como gancho electoral! Resultaba una apuesta ejemplar.Héte aquí que un día después de la última votación francesa el cuento de la pareja ideal se viene abajo con estrépito: la candidata y el secretario socialista ocultaron sus desavenencias privadas ¿para no interferir en la campaña electoral! Ségolène, con palabras muy elegantes, ha cargado el muerto a François al decir que le ha pedido que deje el domicilio conyugal para que «viva por su lado la vida y su historia sentimental». Ella se ha definido ya como «una mujer libre que asume sus responsabilidades y clarifica su situación personal», al tiempo que anunciaba su voluntad de competir por el liderazgo socialista, carrera en la que puede encontrarse con su ya ex cónyuge. Más que un vodevil, la 'grandeur' con que se anuncia la desavenencia -¿personal o política? ésta es la cuestión- es digna de una ópera.Faltan datos, lógicamente, para comprender el alcance real -personal y también político- de esta pequeña/gran desavenencia de una pareja influyente en Francia. Pero es evidente que, en este caso, lo personal y lo político se han entremezclado hasta la náusea. ¿Hubieran cambiado los votantes de Ségolène de haber conocido la realidad de su vida privada? ¿Qué habría pasado de haber ganado Royal la presidencia francesa? Nadie puede decirlo, aunque el hecho de haber ocultado esta situación indica que los protagonistas, convencidos de que era políticamente incorrecta, la silenciaron. Pura estrategia política a la europea, donde la historia más rancia muestra cómo los secretos de alcoba influyeron más de la cuenta en el destino de los pueblos. Si creíamos que eso estaba superado en las democracias modernas, la izquierda francesa acaba de hacer una demostración de cómo volver a la oscuridad del Ancien Régime y, a la vez, hacer el juego a la prensa, la televisión y la mentalidad más sensacionalista: una estrategia desestabilizadora redonda.
sábado, junio 23, 2007
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