martes 26 de junio de 2007
LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA
¿Hay que confiar en Abú Mazen?
Por Horacio Vázquez-Rial
La semana pasada mencioné en mi artículo sobre Palestina la pregunta que había hecho Ramón Pérez-Maura en ABC acerca de la sorprendente confianza que la UE manifestaba en relación con Abú Mazen. ¿Hay alguna razón para confiar en él? Ahora, cuando, como dice Mario Wainstein, Hamás ha establecido una colonia de Irán al lado de Israel y, como dice Gustavo de Arístegui, hay serios riesgos de alqaedización del Líbano.
La respuesta está en el currículum del personaje. La extraordinaria labor de pesca de altura con anzuelo en los procelosos mares de internet que realiza y distribuye a algunos corresponsales Mayka García me ha facilitado la labor de exhumación de todas esas cosas que sucedieron hace cuatro días pero que nadie parece recordar. El grueso de la información que expongo a continuación procede de Discover the Networks, página que recomiendo.
La primera cosa que no solemos evocar es el origen del nombre de Abú Mazen, nombre de guerra, en el sentido estricto de la expresión, de Mahmud Abbás, nacido en Safed, bajo el mandato británico en Palestina, en 1935. Tras la fundación del Estado de Israel y de la ocupación del resto de las antiguas posesiones inglesas por Jordania y Egipto, Abbás estudió leyes en El Cairo y después se mudó a Moscú para continuar su formación, que culminó años después con una tesis doctoral de carácter más que negacionista, posteriormente publicada en forma de libro con el revelador título The Other Side: The Secret Relations between Nazism and the Leadership of the Zionist Movement (El otro lado: las relaciones secretas entre el nazismo y la dirección del movimiento sionista). ¿Hay que confiar en el autor de libro tal, tan afín al pensamiento de Ahmadineyad?
Con el apoyo de los soviéticos, se reunió en Qatar a mediados de los años 50, cuando él contaba 20, con un grupo de militantes palestinos en la clandestinidad. De ese encuentro surgió el movimiento que desembocaría en la OLP y en la corriente interna que, en 1957, tomaría el nombre de Fatah. Sus estrechos vínculos con Yaser Arafat datan de esa época.
Recordemos que el hecho de que su tesis versara sobre una cuestión tan querida a la judeofobia nazi no podía ser casual, como no podía serlo su unión con el sobrino del Gran Muftí de Jerusalem Al Huseini. No obstante, estableció lazos, a lo largo de las décadas de 1960 y 1970, con organizaciones y personas de la izquierda israelí, de la izquierda de la diáspora judía y de movimientos pacifistas, controlados casi absolutamente en aquella época por la URSS. Se dice que, gracias a esos contactos, fue una de las piezas clave de los acuerdos de Oslo de 1993; de hecho, acompañó a Arafat a la Casa Blanca cuando éste acudió a firmarlos.
Siempre acompañó a Arafat, en la paz como en la guerra. Estuvo en Oslo y en Washington, sí, pero antes de eso había estado en la organización de la masacre de las Olimpiadas de Múnich, en la que murieron once atletas israelíes. Es el cerebro fáctico de la operación, Mohamed Daoud Oudeh, quien sostiene que Abbás estaba detrás de Abú Nidal en Setiembre Negro, la etiqueta pública de entonces. No está de más recordar que Abú Nidal se llamaba en realidad Sabri al Banna y era familia de Hassán al Banna –fundador de los Hermanos Musulmanes y abuelo, a su vez, de Tariq Ramadán, ese señor al que se recibe en la Fundación Atman con honores de prócer intelectual–, además de amigo de Al Huseini, el tío de Arafat. ¿Hay que confiar en el hombre que da las órdenes en esa familia, el visir de esa corte?
La alabada moderación de Abú Mazen no es tal. Mucha gente cree aún que se opuso a la Intifada, pero en marzo de 2003, ya como primer ministro de la ANP, declaró a un periódico árabe de Londres, el Asharq al Awsat: "La Intifada debe continuar, y el pueblo palestino tiene derecho a resistir y a emplear todos los medios posibles para defender su presencia y existencia".
Lo cierto es que, como primer ministro y como presidente, incumplió tanto los Acuerdos de Oslo como la Hoja de Ruta. Desde la muerte de Arafat, Mahmud Abbás viene hablando de la importancia de "implementar los principios" del líder desaparecido; ha hecho públicos elogios de Hezbolá, afirmando que es "una fuente de orgullo y un ejemplo" para la "resistencia árabe"; ha calificado de "bárbara carnicería" la muerte de cuatro terroristas palestinos cogidos con las manos en la masa por el ejército israelí, y su traición a los acuerdos de Oslo y a la Hoja de Ruta ha pasado siempre por la idea de que "Israel llama terroristas" a quienes en realidad son "combatientes" palestinos "en lucha por la libertad". "Alá ama al mártir", ha afirmado. ¿Hay que confiar en un promotor del martirio?
Siempre acompañó a Arafat, en la paz como en la guerra, pero tampoco para él fue hombre de fiar. El rais lo designó primer ministro a regañadientes porque, al cabo de incontables desplantes y retrocesos de última hora, que culminaron en su negativa radical a aceptar ninguna de las condiciones propuestas por Barak y Clinton, ni Israel ni Estados Unidos querían negociar con él.
Abú Mazen, durante todo su desempeño como primer ministro, sostuvo constantes luchas por el poder real con Arafat. En setiembre de 2003, a sólo seis meses de haber jurado el cargo, dimitió por no poder gobernar con la oposición de Arafat y de líderes de otros movimientos, como Hamás y la Yihad Islámica, y por no poder controlar los servicios de seguridad palestinos. Dio paso a Ahmed Qurei, y tuvo que esperar a la muerte de su antiguo jefe y amigo (¿?) para volver a la carrera por el poder. ¿Hay que confiar en un tipo en el que ni siquiera ese traidor natural que era Arafat podía confiar, aunque fuesen tal para cual?
La campaña presidencial de Abú Mazen, en 2005, fue radicalmente antiisraelí, llena de menciones al "enemigo sionista" y a "las almas de los mártires", y cuando ganó las elecciones dedicó su victoria al "hermano mártir" Arafat (¿pero cuándo fue mártir ese hombre?) y declaró: "La pequeña yihad ha terminado, ahora comienza la gran yihad".
Tres meses más tarde, en marzo de 2005, invitó a dirigentes de Hamás, la Yihad Islámica y el Frente Popular por la Liberación de Palestina, todos con base en Damasco, a trasladar sus cuarteles a Gaza y unirse a la OLP en un Gobierno de coalición tan pronto como Israel completara la desconexión. Eso sucedió en agosto del mismo año, cinco meses después, y Abú Mazen dijo entonces:
Debemos recordar que todos nuestros logros son resultado del sacrificio de los mártires (...) Este paso será seguido por posteriores retiradas de Cisjordania y Jerusalem (...) Continuaremos (...) hasta que no quede un solo palestino en las cárceles israelíes.
En diciembre, Abú Mazen aprobó una ley por la que se autorizaba el pago de 2.200 dólares a las familias de los mártires, en su mayoría terroristas suicidas. ¿Hay que confiar en un tipo que promueve el "martirio" pagando a las familias de los suicidas?
A comienzos de 2007, cuando los conflictos con Hamás y los demás grupos islámicos llegaron a un punto crítico, no llamó a una política diferente, y mucho menos a una política de Estado distinta del alqaedismo reinante, sino que convocó a la unidad: "Debemos dejar de lado nuestras luchas internas y alzar nuestros rifles contra la ocupación israelí". "Debemos unir la sangre de Hamás y la de Fatah contra Israel, como hemos hecho desde el comienzo de la Intifada".
En febrero de 2007 se firmó el acuerdo de unión de Fatah y Hamás: "Las dos únicas opciones que tenía eran la guerra civil o la unidad nacional, y he elegido la segunda", afirmó. La guerra civil ya está ahí, y es el dúo Ahamadineyad-Ben Laden el que financia y el que alienta a Fatah al Islam.
Sus relaciones con Ahmadineyad parecen ser excelentes. No caben dudas acerca de su postura respecto de Israel, aunque por razones tácticas haya dado el paso de reconocer formalmente el Estado: la voluntad de hacerlo desaparecer del mapa es un reconocimiento de existencia, de modo que no es del todo relevante, según convenga, que se lo protocolice. ¿Hay que confiar en un sujeto que te dice: "Usted existe, pero yo me propongo hacerlo desaparecer"?
No. No se puede confiar en Abú Mazen. Lo único que lo enfrenta a Hamás y al resto de las organizaciones islámicas radicales es el poder. No los objetivos, que son los mismos para todos desde hace décadas, sino quién manda. Quién manda por debajo de Ahmadineyad y Al Asad, o, para ser más precisos, porque esos dos son personajes circunstanciales, de Irán y Siria. Quién manda en Palestina, apenas un peón en el gran juego islámico.
Pinche aquí para acceder a la web de HORACIO VÁZQUEZ-RIAL.
vazquez-rial@telefonica.net
El drama libanés
22.06.07 @ 14:08:57. Archivado en Líbano
La República Libanesa es un pequeño y vibrante país árabe de apenas 10.452 km2, cifra que muchos libaneses veneran como un talismán, como verdadero símbolo del fortísimo deseo de ser algún día verdaderamente soberanos. En esa minúscula superficie conviven diecinueve comunidades distintas, que casi siempre se ha llevado bien salvo cuando aparecen las interferencias extranjeras y el apetito desmedido de algunos de sus vecinos por controlarlo. La verdad es que eso es bien difícil puesto que la principal riqueza de esta hermosa república levantina es su gente, su diversidad, su riqueza, y por qué no decirlo, su importante comunidad cristiana, que fue la primera del país y hoy ya la segunda. Los chiíes son los más numerosos, seguidos por los católicos maronitas, los sunníes, los drusos y los greco-ortodoxos.
Su inquebrantable voluntad de independencia y de soberanía, a pesar de los 15 años de sangrienta guerra civil, es hoy más visible que nunca. Los asesinatos de políticos, periodistas e incluso funcionarios y militares pro-soberanía, no han amedrentado a sus habitantes. Desde el brutal y aun no esclarecido atentado que costó la vida al ex primer ministro libanés Rafic Hariri y a otras 22 personas, hasta el último contra el diputado sunní Walid Eido, la intención de sus autores era bien clara, quebrar la voluntad de los libaneses que quieren ser independientes y soberanos. Pero los libaneses siguen luchando por su independencia, aun cuando pende sobre sus cabezas el matonismo político de algunos de sus vecinos y la profunda y violenta deslealtad de algunas organizaciones que increíblemente se dicen libanesas. Por eso todos los asesinatos políticos de libaneses que son calificados de antisirios, aunque en realidad sean partidarios de la independencia y soberanía de su país, no podrán doblegarlos.
Los expertos de salón, esos que analizan países en los que no han estado ni de vacaciones, reiteraban machaconamente que la del Líbano había sido un guerra entre cristianos y musulmanes, cuando hubo en realidad casi todas las combinaciones posible e imaginables, maronitas contra palestinos, chiíes contra palestinos, chiíes contra chiíes, palestinos contra drusos, drusos contra cristianos, cristianos contra cristianos, maronitas contra maronitas, chiíes contra chiíes (AMAL contra Hizbullah), libaneses antisirios contra libaneses prosirios con el apoyo de éstos últimos y hasta palestinos contra palestinos. En el Líbano ha habido mucho chaqueteo y cambio de bandos, pero los hay que superan todo lo imaginable, como la “conversión” del general Aoun, que pasó de ser el archienemigo de Siria, habiendo causado en el intento uno de los episodios más sangrientos de la guerra con miles de víctimas mortales –entre ellas mi propio padre-, a su más ferviente aliado, elogiado ardientemente incluso por el secretario general de Hizbullah, Hassan Nasrrallah.
Hoy el Líbano sufre una división inédita en su historia, de una parte. la aplastante mayoría de cristianos, todos los sunníes, drusos y otras confesiones menos importantes en peso demográfico; y de otra algunos cristianos (cada vez menos) liderados por el general Aoun y en apariencia todos los chiíes tanto los de AMAL (pro sirios) como los de Hizbullah (también pro sirios, pero sobre todo feudatarios obedientes de Irán). Sin embargo hay un muy numeroso grupo de chiíes libaneses que permanecen callados por miedo y temor a las represalias, su número es muy difícil de calcular, pero la realidad es que cuando se encuentran fuera de su país, incluso los que son considerados pro sirios son abiertamente pro libaneses. Los asesinatos políticos, el último, por el momento, del diputado sunní Walid Eido, demuestra que Siria nunca aceptó la independencia del Líbano, y no es casualidad que todos los que abogaron por esa independencia estén muertos o amenazados.
A este complejísimo rompecabezas viene a sumarse un nuevo problema, uno muy grave y que parecía haber olvidado a este pequeño país: la presencia de Al-Qaeda. Sin embargo era sólo cuestión de tiempo que las macabras apetencias de esta criminal red terrorista alcanzasen al Líbano. Aprovechándose de la debilidad endémica del estado libanés y de un acuerdo que excluía, increíblemente, cualquier presencia de las Fuerzas Armadas y de Seguridad libanesas de los campos de refugiados palestinos, facilitando la creación y consolidación clandestina de redes terroristas e su interior sin interferencia alguna. La puesta en marcha de Al-Fatah Al Islam en el Líbano, entra de lleno en ese nuevo modus operandi de la red terrorista de Bin Laden, demostrando la perversa eficacia de esta nueva estrategia de Al-Qaeda que ha decidido insistir en los eslabones más débiles de la cadena de Oriente Próximo, El Líbano y los Territorios Palestinos.
En este mismo sentido va la denuncia de Egipto, el estado árabe más poblado y de mayor peso (uno de cada cuatro árabes es egipcio) que advierte que detrás de los sangrientos enfrentamientos en los Territorios Palestinos está Al-Qaeda.Hay quienes piensan que éstos son problemas que no les atañen por lejanos o ajenos, y sin embargo la destructiva inestabilidad que el yihadismo está sembrando en esos países, podría muy bien acabar contagiando a sus vecinos, a los que el yihadismo expansivo, violento, opresivo y maquiavélicamente empeñado en la consecución de sus objetivos finales, tiene en el punto de mira desde hace muchos años. Los que decidan ignorar estos campanazos de atención serán, no lo duden, directamente responsables de la expansión de una de las más graves amenazas a las que nos enfrentamos.
http://blogs.periodistadigital.com/aristegui.php/2007/06/22/el_drama_libanes
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