Energía y frialdad
17.10.2008
JOSEBA LOPEZORTEGA
L a clase periodística de Bob Schieffer, el septuagenario moderador, es clave para explicar el enorme interés del último debate. Supo moderar, pero también incitar a una discusión mucho más intensa y productiva que en los dos debates previos. También McCain estuvo por encima de si mismo, mientras que Obama se mostró en su sereno tono habitual, sin sorprender.
McCain intentó restar credibilidad al demócrata. Recordó repetidamente que su rival votaba unas cosas y prometía otras, le reprochó sus posibles amistades peligrosas, alabó cínicamente su elocuencia y empleó cada último turno de réplica para colocar críticas que quedaban sin respuesta. Lucía una sonrisa permanente. Agarraba su bolígrafo con tanta energía que hay que preguntarse qué hubiera sido de sus manos si no le llegan a prestar uno. Y dado que McCain cuestionaba a Obama y Bob Schieffer cuestionaba a ambos, resultó que el protagonista fue el demócrata. En ese sentido, Obama se apuntaba una nueva victoria: es el centro indudable del proceso electoral, como subrayó el desarrollo del encuentro.
La consecuencia de la actuación de McCain puede ser poner freno al potencial trasvase de votos republicanos hacia Obama, a quien llevó a remolque. Habría obtenido un éxito notable, porque esa fuga debiera ser el principal temor de su campaña, dado el completo desmoronamiento de George Bush en los últimos meses de su mandato. Necesitaban los votantes republicanos al McCain del miércoles: incisivo, contundente, con fuerte nivel político y poniendo tierra de por medio respecto a su inmediato predecesor, a quien ya nadie quiere y McCain no quiso nunca. El maduro senador dio razones para la satisfacción de sus partidarios, y sin duda podrá enorgullecerse de su honroso papel ante un rival muy difícil y en un contexto pésimo. Pero las elecciones no se ganan en los terrenos previamente conquistados, sino en los terrenos rivales y entre los indecisos.
Obama cedió a McCain la iniciativa y todo el esfuerzo. No acusó recibo de las invectivas del republicano en ningún momento, con una pasmosa mezcla de autocontrol, frialdad y suficiencia. Expuso ideas, pero le bastaba lanzar su arenga final: el cambio es necesario. Si los norteamericanos piensan así, él es su candidato natural.
http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/prensa/20081017/mundo/energia-frialdad-20081017.html
jueves, octubre 16, 2008
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