¡Qué casualidad!
07.10.2008
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA
T odos sabemos que los tiempos de la justicia no son los de la política. Pero no me dirán ustedes que no da qué pensar el señalamiento del día 8 de enero de 2009 para el inicio del juicio oral contra, entre otros, el lehendakari Juan José Ibarretxe y el secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, cada uno de ellos cabeza de lista de su respectivo partido en las próximas elecciones autonómicas. La fecha coincidirá, poco más o menos, con la de la disolución del Parlamento y el inicio del proceso electoral. En un procedimiento en el que los plazos se han estirado o acortado, durante dos largos años, como una goma, a voluntad tanto de los juzgados como de los juzgadores, no deja de ser sospechoso para el ciudadano de a pie que el día señalado haya sido precisamente ése y no, por ejemplo, el 4 de noviembre del presente año, cuando las elecciones estarán aún lejanas, o el 22 de abril del próximo, cuando ya se habrán celebrado.
Todo invita, por tanto -y más si se piensa que el hombre es, por naturaleza, suspicaz-, a echar mano de uno de esos dichos del lenguaje judicial y preguntarse 'cui prodest', es decir, a quién beneficia tan inoportuno señalamiento. Dios me libre de sugerir que sean los jueces del tribunal quienes tengan interés en la contienda electoral, pero me perdonará, al menos, la osadía de opinar que la pregunta no es del todo impertinente.
En cuanto a las dos más relevantes de las personas encausadas, Juan José Ibarretxe y Patxi López, así como, por derivación, a los partidos por los que ambos se presentan a las elecciones, harían bien todos ellos en no sacar conclusiones facilonas y precipitadas. La indignación que el procesamiento pudo causar en su día en el electorado está ya, después de todos los altibajos que ha atravesado el caso, en gran parte amortizada. El provecho electoral que cada uno pueda pensar en sacar del juicio -si es que el juicio puede dar ya provecho alguno a estas alturas- va a depender más, a mi entender, de la tranquilidad con que ante su celebración se reaccione que de la sobreactuación que en torno a ella se organice.
En este punto, los socialistas llevan las de ganar. Su actitud ha sido hasta ahora una sabia combinación de serenidad y firmeza. Más difícil lo tienen los nacionalistas, que pueden verse arrastrados por la inercia de sobreactuaciones pasadas. En esto, al igual que en tantas otras cosas de incierta repercusión electoral, es mejor plantarse a tiempo que pasarse. Como en las siete y media.
Claro que todo esto vale para el caso de una hipotética sentencia absolutoria. Porque, si la contraria se diera -la condenatoria, digo-, sería entonces la justicia, y no la política, la que tendría que «hacérselo mirar». Con urgencia, además.
http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/prensa/20081007/politica/casualidad-20081007.html
lunes, octubre 06, 2008
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