Bendita crisis
EDUARDO SAN MARTÍN
viernes 17 de octubre de 2008
LAS vacas flacas nos regalan insospechadas víctimas colaterales. Los secesionismos e independentismos neorrománticos prenden en tiempos de prosperidad, como otras enfermedades propias de países ricos; o nuevos ricos, aún peores. Aliviadas de la carga de luchar por la subsistencia, las sociedades recién llegadas a la abundancia parecen dejarse arrastrar por una decadente propensión a considerar problemas graves los que no son tales: a dar por sentada, por ejemplo, la existencia en su seno de fantasmagóricos «conflictos», que pueden convertirse, mal digeridos, en amenazas reales. Por contra, todo indica que, cuando vienen duras, esas urticarias se esfuman ante la erisipela provocada por males auténticos. Cuando uno debe preocuparse de su propio bolsillo, no hay tiempo para Volkgeists o identidades colectivas.
Solbes tenía razón: la crisis económica puede producir «consecuencias beneficiosas» en un futuro. No en el sentido que él imaginaba. La magnitud de los problemas que el colapso financiero han colocado en la agenda política, para hoy y para muchos años más, deja al borde del ridículo las pretensiones separatistas que se blandían, a lomos de las vacas gordas, en países como España y el Reino Unido. He sostenido en más de una ocasión que en esos desafíos había mucho de retórica y de impostura, y poco de envite real. Las tremendas dificultades que nos aguardan, a nosotros y a los británicos, descubren ahora, con mucha más contundencia, la desnudez de algunas supercherías, y rebajan a la categoría de farol lo que se enunciaba como un órdago con cartas. (Se me objetará: ¿Y ETA? Bien, se trata de una lacra real y muy dolorosa, pero no de la envergadura suficiente como para poner en riesgo el futuro de España. En los cuarenta años de existencia de la banda, nuestro país ha conocido el periodo de transformaciones políticas, económicas y sociales más fecundo de sus tres o cuatro últimos siglos de historia. Somos nosotros, y no ellos, quienes hacemos a los terroristas más temibles de lo que son en realidad).
Comencemos por Escocia. No sin antes recordar que la reacción de la inmensa mayoría de la sociedad británica fue de una saludable indiferencia ante el desafío lanzado por el dirigente nacionalista Alex Salmond en mayo del año pasado, días después de haber sido elegido primer ministro de Escocia. Lejos de dejarse intimidar, la sociedad inglesa siguió a lo suyo y se limitó a echar cuentas, por si acaso. Y esas cuentas eran una ruina para las aspiraciones secesionistas de Edimburgo. Meses más tarde, la fecha propuesta para un referéndum de independencia (2010) se fue esfumando, dejó de hablarse de un plazo preciso y se situó el horizonte vagamente en el 2017.
En estos días, ya nadie en Escocia habla del asunto. Con los dos grandes bancos escoceses, el RBS y el HBOS, intervenidos por el Tesoro británico, se desvanece a corto y medio plazo, si es que alguna vez la hubo, cualquier veleidad de autonomía financiera, soporte necesario de una eventual independencia política. «Las familias, negocios y bancos escoceses se sienten más seguros como parte de la cuarta economía del mundo», comentaba una diputada laborista escocesa a The DailyTelegraph. Y nadie mejor que Alex Salmond, que fue economista del RBS, para conocer la relación entre salud financiera e independencia política, añadía el diario.
En España, las turbulencias financieras han aventado las últimas cenizas del difunto plan Ibarretxe. No exactamente por las mismas razones que en el Reino Unido, aunque algo de eso puede haber. Nada hace presagiar la insolvencia (o deslocalización) de grandes empresas españolas con raíces, y domicilio fiscal, en el País Vasco, aunque algunos economistas (Mikel Buesa, entre otros) han hecho, también por si acaso, las mismas cuentas que se hicieron en el caso de Escocia, y tampoco les salen a los nacionalistas vascos. En nuestro caso los tiros van, afortunadamente, por otro derrotero: la gravedad de la crisis impone un orden de prioridades en el que rebotan, por extravagantes, fantasías y desafíos, amagos y añagazas. Bendita crisis, que diría Solbes.
http://www.abc.es/20081017/opinion-firmas/bendita-crisis-20081017.html
viernes, octubre 17, 2008
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