DEMETRIO PELÁEZ CASAL
AILOLAILO
Mentiras mil veces repetidas se hacen verdad
Josep Goebbels fue un tipo despreciable, un nazi convencido, pero también un genio que supo exprimir más que nadie en la historia el poder de la propaganda y la publicidad. Aún hoy, casi 70 años después su muerte, sus técnicas para crear estados de opinión e influenciar a la masas siguen plenamente vigentes y no han sido superadas, ni por asomo, por los modernos teóricos universitarios. Así, quienes quieren dominar el arte de la manipulación y llevarse al huerto a esa complicada señora llamada opinión pública, a la que él despreciaba precisamente por ser tan facilona, deben, irremediablemente, leer los librillos de este diabólico maestrillo.
Una de las sentencias más célebres de Goebbels incide en el hecho de que una mentira repetida mil veces acaba convirtiéndose en una verdad. ¿Les suena la copla? Debería, porque todos los políticos del mundo utilizan dicha técnica de forma machacona, al igual que no pocos líderes sindicales. Se creen, como Goebbels, que somos giliflautas, y lo malo es que quizá no les falta razón. Una de las grandes mentiras, por ejemplo, que ha terminado convertida en verdad gracias a la manipulación que ejercen ciertos gurús del sindicalismo es que la función pública en general y casi todas las parcelas que dependen de la Administración funcionan como funcionan, o sea, rematadamente mal y/o rematadamente lentas, porque carecen de profesionales y de medios para furrular bien. De esta forma, pides una licencia de obra y tienes que esperar veinte lustros para que te la concedan; si tienes que operarte pasan tres cuartos de lo mismo, y ahora que el curso acaba de arrancar nos han repetido machaconamente el mensaje de que la Educación pública está hecha unos zorros porque faltan profesores a mansalva y los que hay viven en la esclavitud. ¿A quién puede extrañarle el vergonzoso puesto que ocupamos en la lista del informe Pisa si los docentes españoles -los de la pública, se entiende- se cuentan con los dedos de tres manos y están más quemados que el palo de un churrero?
Ese es el mensaje que nos repiten todos los años y esa es la gran mentira que, como muchas otras, se ha convertido en verdad pese a que casi todos conocemos a algún familiar o amigo que confiesa dar un máximo de 20 horas de clases semanales, gozar de varios puentes al año que en realidad son superacueductos y disfrutar de unas vacaciones tan largas que llegan a aburrir. Las generalizaciones siempre son injustas, y a buen seguro hay miles de funcionarios de numerosos campos que cumplen de forma honesta y eficaz con su trabajo, pero reconozcámoslo: cada vez más gente vuelca más esfuerzos por ganar un puestecillo en la administración no por amor a la función pública, sino porque saben de sobra que ahí van a vivir la mar de tranquilitos y que jamás experimentarán el apriete de clavijas permanente que se produce en las empresas privadas. Esa es la verdad sin edulcorar. Lo demás, teorías goebbelianas.
http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1036&idNoticiaOpinion=353067
martes, octubre 14, 2008
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