domingo, octubre 19, 2008

Debate moral

Debate moral

20.10.2008 -

E l nacimiento el pasado 12 de octubre de Javier Mariscal Puertas, cuyo embrión fue sometido a un diagnóstico genético para así asegurarse de que no era portador de la enfermedad hereditaria que padece su hermano Andrés y que, además, podía convertirse en un donante idóneo para éste, constituye un avance indudable desde el punto de vista de la medicina en nuestro país que sitúa a la sociedad ante nuevos dilemas morales. El pronunciamiento de la Conferencia Episcopal respecto a este caso ha expresado la posición de la Iglesia católica. Posición que seguramente no comparten todos los creyentes, pero cuyo contenido puede coincidir, en todo o en parte, con las convicciones y sentimientos de ciudadanos que no profesan esta fe. La consideración del embrión como persona es lo que diferencia la moral católica de los planteamientos en los que se basa la legislación vigente y que están especialmente presentes dentro de la comunidad científica. La convicción de los obispos, expresada en duros términos, de que la vida de Javier ha sido «producida» y no «procreada», y de que lo ha sido además a costa de la vida de «hermanos» de este bebé desechados en su estadio embrionario representa una postura moral coherente que nadie debería desdeñar en tanto que, además, refleja el sentir de muchos hombres y mujeres.
Pero tal concepción en torno al inicio de la vida humana y su dignidad no constituye un valor compartido por el conjunto de la sociedad. Sociedad que, en democracia, traduce sus consensos en forma de normas legales que representan en cada momento ese mínimo común denominador preciso para la regulación de la convivencia y el desarrollo científico. La Conferencia Episcopal no ha dudado en censurar que se haya conculcado el derecho de Javier «a ser amado como un fin en sí mismo y a no ser tratado como medio instrumental de utilidad técnica». Esta última aseveración, que pudiera tomarse en consideración como advertencia de orden general, implica un juicio excesivamente directo y severo respecto al proceder de los padres de Javier y Andrés. Ningún indicio permite suponer que el entorno afectivo del que ya disfruta el pequeño vaya a ser menos acogedor y respetuoso hacia su propia dignidad que el que podría recibir a cualquier otro recién nacido en esta sociedad.

http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/prensa/20081020/opinion/debate-moral-20081020.html

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