jueves, septiembre 06, 2007

Luis Racionero, Umbral y Vilallonga

jueves 6 de septiembre de 2007
Umbral y Vilallonga Luis Racionero

La aciaga luna de agosto se ha llevado por delante a dos admirados maestros, a quienes tuve el honor de conocer y tratar. Umbral hubiese querido ser como Vilallonga en cambio, a éste no le hubiese molestado escribir tan bien como Umbral, aunque sus biografías más realistas, no lo necesitaban. O sea, que Umbral, por su dandismo demostraba que le hubiese gustado ser un distinguido aristócrata como José Luis: tenía la planta pero no los modales y mucho menos el sastre. A Vilallonga el estilo de Umbral no podía servirle tanto por los temas que trataba y el tono distinguido con que los abordaba. Nada de Cheli para hablar de Soraya.
La biografía del Rey por Vilallonga es de un realismo —valga la redundancia— que Umbral no admitía en sus biografías de Larra o Valle o Ramón, que eran poéticas, alusivas, imaginadas, surrealistas. Confieso que a mí la biografía de Valle Inclán me aportó muy poco y en cambio la del Rey me ayudó a comprender la Transición.
Umbral escribía las columnas como nadie, sus únicos sucesores son Raúl del Pozo y Manuel Vicent, uno por el estilo y el otro por las imágenes. Quedan ambos para recoger el testigo de Umbral como éste lo tomara de Ruano y de algún otro que no citaba. De repende Umbral escribía también prólogos clarividentes y ensayos cortos muy lúcidos, pero no grandes novelas.
Vilallonga contó su vida en novelas de época donde él se protegía tras sus protagonistas, o bien en biografías donde se revelaba con nombres y apellidos. Me gusta particularmente El Gentilhombre Europeo. Las novelas sobre la Guerra Civil son útiles como crónicas de una época que en este país no queremos, los unos, o no podemos, los otros, olvidar. El estuvo con los unos en la guerra y luego con los otros en la Transición. El día que le conocí le pregunté cómo siendo aristócrata decía que era socialista: me contestó que estaba enamorado de Felipe González.
Era el último gran señor, espero queden otros, pero están menos visibles. El llevaba la imagen de un mundo que ha desaparecido, “Estoy en un mundo que no es el mío”, y que yo preferiría que no desapareciese, pese a ser, en muchos aspectos socialmente injusto. Es lo de El Gatopardo: José Luis era otro Lampedusa, aunque no dio una obra maestra como el príncipe siciliano.
Umbral era un self-made man a golpe de talento y de trabajo. Su personal manejo del castellano era un don del cielo: no lo pudo aprender de Ruano ni de nadie. Lo tenía y lo empleó muy a propósito en sus columnas, con menos adecuación en sus ensayos, donde el estilo oprimía las ideas, como ocultándolas.
Son dos personajes grandes de mi época —y espero que de la suya— que merecen leerse para entenderla.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El otro caballero que queda eres tu.

Beos y animo

Paulina