viernes 7 de septiembre de 2007
La hora del islamismo en Marruecos
RECIENTEMENTE, el Ministerio marroquí del Interior ha comunicado que la campaña para las elecciones legislativas de hoy se ha desarrollado sin incidentes. Habría sido más exacto decir que no ha pasado nada, porque, en efecto, la campaña ha sido ignorada por la sociedad. Muy probablemente los electores van a responder con la mas absoluta indiferencia a la cita con las urnas y eso sería en sí mismo un mal síntoma porque revela una crisis profunda del sistema político que impera desde la independencia del país. En este sentido, es preocupante constatar que en ocho años el Rey Mohamed VI no ha logrado romper la inercia del insano modo de hacer política instaurado por su padre Hasan II, basado en una perversión de los modos democráticos. En contra de lo que se esperaba de su reinado, los marroquíes solo pueden constatar que los cambios prometidos no se han producido.
En este clima de desconfianza generalizada, muchas encuestas vaticinan además una victoria holgada del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), de orientación islamista, que en medio de tal descrédito de la clase política tradicional hace más de una década que no cesa de ganar terreno en todos los campos. Es difícil predecir cuáles serán esta vez los mecanismos que utilizará el «Majzen», la nebulosa feudal que legitima la monarquía, para afrontar esta situación, pero en todo caso, es evidente que sea cual sea el resultado, el monarca está obligado a llegar a un acuerdo más o menos expreso (es decir, más o menos secreto) con los integristas del PJD y estos a su vez, -como se ha dicho en cierta prensa argelina- también tendrán que aceptar estrechar la mano del rey «aunque sea para poder mordérsela en el futuro». Una vuelta a las combinaciones tradicionales, que han consistido en que el rey mezcla en el Gobierno a partidos de todas las tendencias, sin tener en cuenta los resultados electorales y sin permitirles ninguna iniciativa política, no haría sino seguir erosionando sus anclajes sociales.
De manera que el escenario post-electoral ya está más o menos claro, antes de que el Gobierno de Rabat anuncie los resultados el próximo domingo. El régimen pierde apoyo social, y el único sostén sólido que le queda al rey son los islamistas del PJD. Se puede decir que éste es un partido moderado en relación a los seguidores de Abdesalam Yasin y su movimiento «Justicia y Espiritualidad», que han boicoteado las elecciones porque no reconocen las bases del régimen, pero ése es solamente un subterfugio dialéctico: si las opciones de futuro se pueden reducir a optar entre integristas islámicos más o menos radicales, inevitablemente esto conducirá a la radicalización de unos y otros.
viernes, septiembre 07, 2007
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