Reformas en el capitalismo
VALENTÍ PUIG
Martes, 14-10-08
EL primer impacto de la crisis destruye empleo y hace trabajar a destajo a los «hombres del frac». Políticamente, otra primera consecuencia de una crisis tan dramática del capitalismo financiero puede ser que Barack Obama llegue a la Casa Blanca. La segunda es que los políticos de todo el mundo secunden el efecto de arrastre y se planteen nuevas formas de intervencionismo, incluso más allá de la perentoria necesidad de mayor control y transparencia. En eso, quizá ni tan siquiera una presidencia McCain podría mantener los postulados de desregulación. Una tercera consecuencia pudiera consistir en procesos de renacionalización frente a experimentos institucionalizadores como la Unión Europea, populismos nacionalistas y despliegues de proteccionismo. La respuesta de los mercados al paquete de medidas conjuntas propuestas por la cumbre europea dominical de urgencia -convocada por Sarkozy y con Gordon Brown como formulador- tiene indicios de sentido común después de las duras jornadas en las que no se sabía si más allá de la niebla tan densa había un precipicio. Reconstituir la confianza en los mercados y en el sistema bancario, de todos modos, tendrá avances y reculadas. Discúlpese la redundancia: la experiencia demuestra que lo más práctico siempre resulta ser analizar la experiencia del pasado y del presente. Es el viejo sistema de prueba y error. Así es practicable la constatación de que el capitalismo ha ido adaptándose a la realidad y a sus mutaciones, porque es el sistema más acorde a la propia naturaleza humana, para bien y para mal. En un mundo global, corresponde urdir una red más eficiente para operar de modo multilateral y concertado. Son adaptaciones con crisis y conflictos: es el devenir histórico.
Dada la experiencia evolutiva del sistema de mercado, lo que ahora veríamos es que procede echar abajo unos tabiques o trasladarlos de lugar y poner otros, pero sin afectar la nervadura y sostén de las vigas maestras. Por el hecho de que falle la compuerta de una acequia, uno no echa por los aires todo un sistema de riego de eficacia contrastada. Hubo un parón de las ideologías anticapitalistas después de la caída del muro de Berlín; luego reaparecieron con el movimiento antiglobalización pero llevaban ya un tiempo más bien desarboladas. Con la crisis actual, toman nuevo impulso: lo que ocurre es que no ofrecen soluciones ni alternativas reales. Dicho sea de paso: a la espera de un colapso definitivo del capitalismo que nunca llegó, Karl Marx echó mano de la herencia de la familia rica de su esposa, abusó reiteradamente del mecenazgo de Engels y especuló no pocas veces en Bolsa. Ahora mismo, ni el más catastrófico de los vendavales financieros da pie para reargumentar la naturaleza fundamentalmente totalitaria y económicamente disfuncional que fue el socialismo real. Ese debate es tiempo perdido. La cuestión es cómo dar más precisión a los controles del sistema capitalista, como incrementar su transparencia. La confianza es la clave.
Al cabo de unas semanas de verdadera incertidumbre, se diría que por lo menos cabe un respiro. El tiempo de recuperación puede ser largo y no sin graves descontentos. El sistema capitalista no es ideal porque nada hay idealmente logrado en este planeta, salgo algunas piezas maestras del arte. Pero no es un sistema irrealista: opera sobre lo concreto salvo cuando, como hemos visto en estas semanas, se desplaza desorbitadamente según expectativas sin control. Luego vuelve a sus cauces, por sus modos de autorregulación o por la acción humana que razonablemente propugnen los gobiernos. No es dogma liberal que el pragmatismo político se inhiba de atemperar en ocasiones las aceleraciones y los vértigos. Eso es de lo que ahora mismo se trata. Desde luego, casi siempre hay quien saca tajada de todo. Pero, por encima de la codicia y los despojos, lo que hay es que hoy el Estado salva la economía -ha escrito un editorialista de «Les Echos»- y mañana el mercado permanecerá en el corazón de la economía. Otra lección aprendida, como mínimo con sudor y lágrimas para quienes tiene que trabajar, sacar adelante una familia y además fortalecerse en el ahorro. Por eso el deber de la política es proporcionar instituciones que a la vez sean transparentes y eficaces. El resto es hurtarle el cuerpo a ese azaroso inicio de siglo.
vpuig@abc.es
http://www.abc.es/20081014/opinion-firmas/reformas-capitalismo-20081014.html
martes, octubre 14, 2008
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