Del buen ahorro a la morosidad
VALENTÍ PUIG
Martes, 07-10-08
LA eurozona ya cruzó de la autocomplacencia en las bondades de su sistema bancario y financiero a la porfía inconexa y frágil por un método común de rescate y contención. Si el plan Paulson fue finalmente aprobado en el Capitolio a pesar de la primera negativa de la Cámara Baja, las iniciativas de los gobiernos europeos todavía están en el estadio de ir abriendo cortafuegos según cada banco en peligro, mientras que los Estados Unidos emprenden una acción de rescate más genérica y sistematizada. En la Unión Europea, la República de Irlanda se lanzó a la piscina. Después vinieron Alemania, Austria, Dinamarca, Suecia, Grecia. También Islandia. La tentación más generalizada es esquivar las reglas de la eurozona para garantizar los depósitos de ahorro. El pánico incontrolado -o calculadísimo- de los países de menor dimensión arrastra a los grandes y medianos. De ahorrar más bien poco pasamos a la morosidad: en España, el desempleo y la morosidad aparecen como un factor masivo y atenazador. En virtud del hecho soberano, existe una gran diferencia entre la capacidad de reacción de los Estados Unidos y de la Unión Europea, porque en Europa -sea de modo intergubernamental o como «pool» de soberanías- los estados miembros carecen entre sí de la cohesión e interdependencia de la que se dispone en Norteamérica, gracias o a pesar de los sensatos controles y equilibrios que existen entre el legislativo y el ejecutivo, como se ha visto con el plan Paulson. Tampoco existe un gran presupuesto federal europeo, como recuerda Trichet. Como sea, reponer la calma en los mercados europeos constituye una gran prueba para la Unión Europea, después del desbarajuste del Tratado Constitucional, de la crisis atlántica provocada por la intervención en Irak o la más reciente cuestión de Georgia. Esta crisis económica no sería un acicate inoportuno para impartir confianza en la ciudadanía, abriendo a la larga una senda para iniciativas pendientes de tanta envergadura como la reforma de los mercados laborales o la consolidación de unos mínimos de estrategia energética común. De todos modos, tras las primeras reacciones lo más ostensible es que la confianza es un bien precario.
En esta vertiente, todavía desconocemos cuál es la posición de Zapatero, salvo que carece de alianzas intraeuropeas para poder ejercer influencia y tener capacidad para defender con eficacia los intereses generales de España. Es precisamente en momentos como los de la actual crisis cuando un país recoge la cosecha de credibilidad o desconfianza que haya sembrado su política exterior; en este caso, la de Estado miembro. Para Zapatero, Solbes era teóricamente el garante para trances de esta índole, pero lo ha ido desperdiciando con una ligereza sin igual, con esa notoria capacidad que el presidente del Gobierno muestra al dejar cadáveres políticos en la cuneta mientras rompe consensos históricos o niega que exista crisis económica alguna. En estas circunstancias, no basta con estar al albur de una oportunidad fotográfica con Obama en la Casa Blanca: urge interactuar en todos los foros europeos, influir en las medidas conjuntas para afrontar colapsos bancarios y ser voz que se tiene en cuenta para la conformación del clima general en el que el Banco Central Europeo toma sus decisiones.
La disyuntiva entre renacionalizar las políticas económicas de forma precipitada o lograr respuestas concertadas es crucial. Con modos de fragmentación dispersora -propios del pánico- se pueden desviar negativamente grandes esfuerzos como el euro o los techos fiscales. Poco habrá durado la autosatisfacción ante los apuros de Wall Street si la división y el desconcierto se adueñan del comportamiento en la eurozona. El sálvese quien pueda es un mensaje muy negativo. La «consulta previa» antes de la relajación de normas se expresa como mero eufemismo. Los ahorros de Europa se someten a los vientos en un momento en que la actividad económica de la eurozona se contrae más. Según el «Financial Times», para Europa eso es más que una crisis bancaria: pudiera llegar a ser una crisis del régimen monetario, una crisis sistémica capaz de llevarse por delante la unión monetaria europea. Los europesimistas acostumbraban a decir que el euro funcionaría en tiempos de bonanza, pero con incierta fortaleza en caso de rachas huracanadas. Ha llegado el momento indeseado de averiguarlo.
vpuig@abc.es
http://www.abc.es/20081007/opinion-firmas/buen-ahorro-morosidad-20081007.html
martes, octubre 07, 2008
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