Responsabilidades en la crisis
Martes, 14-10-08
EL presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, está rectificando a marchas forzadas la tendencia de su gestión política en la crisis económica. De la pura y contumaz negación del problema ha pasado a una presencia pública más frecuente y a una actividad política que se puede calificar como intensa. Cuestión distinta es el resultado final de las decisiones que se han tomado en los últimos días, a nivel europeo y nacional, porque Rodríguez Zapatero ha dilapidado el crédito político, que es un activo fundamental para infundir confianza a los sistemas financieros y a la opinión pública. Hasta hace muy poco tiempo, el jefe del Ejecutivo rehusaba el término «crisis», despachaba con descalificaciones de antipatriotas a quienes alertaban del deterioro de la situación y defendía contra toda evidencia las previsiones inverosímiles del Ministerio de Economía. Además de rectificar -o, al menos, aparentarlo-, el Gobierno debería mostrar más humildad, porque la soberbia que ha exhibido en esta crisis ha debilitado la capacidad de respuesta del Estado y del sistema financiero en su conjunto.
Las medidas extraordinarias tomadas hasta el momento resultan necesarias, aunque ninguna está libre de contraindicaciones y efectos secundarios no deseables, que deberán ser vigilados. En todo caso, un tiempo de crisis exige decisiones inusuales que reclaman, en efecto, un esfuerzo unitario y una gran dosis de sinceridad en los diagnósticos, pero no son la coartada para declarar la defunción de la economía libre de mercado. Al final, incluso es posible que Estados Unidos no sea el culpable de todo y que los Gobiernos europeos, como el español, tengan alguna responsabilidad en el declive de unas economías que ya estaban, antes de la crisis, fuertemente intervenidas con organismos reguladores y normativas de inspección y control que -y a los hechos hay que remitirse-, no han cumplido eficazmente su papel.
Existe, por tanto, un telón de fondo de responsabilidades políticas que incumben directamente al Gobierno socialista y que, si bien su exigencia debe acoplarse a la prioridad de la estabilidad y la confianza a los mercados, deben ser tenidas en cuenta a la hora de valorar los llamamientos de Zapatero al apoyo acrítico del PP a sus medidas. La reunión del jefe del Ejecutivo con Mariano Rajoy se va a producir después de que Zapatero haya llamado a La Moncloa a banqueros, empresarios y sindicatos; cuando ya se han tomado casi todas las medidas extraordinarias posibles para impulsar la actividad económica; y cuando los Presupuestos Generales del Estado para 2009 están prácticamente cerrados y declarados innegociables por el Gobierno. Realmente lo que quiere Zapatero no es un pacto nacional contra la crisis, sino -otra vez, como en la anterior legislatura- un acto de adhesión inquebrantable a su unilateralismo político. Obviamente, Rajoy tiene que apoyar unas medidas que, gusten más o menos, son las que se encuadran en una acción europea conjunta. Pero, al mismo tiempo, es necesario que el PP haga más visible su propio discurso sobre la crisis económica y garantice la existencia de una verdadera oposición. Es compatible que el PP apoye iniciativas concretas del Gobierno con que, al mismo tiempo, reclame que se tengan en cuenta sus propuestas y ponga de manifiesto en el Parlamento las responsabilidades políticas del Ejecutivo.
Si no es así, el sistema democrático va a estar sometido a un paréntesis excepcional, con un Gobierno que se exime de cualquier responsabilidad y una oposición absorbida por un tacticismo de perfil bajo, que nada tiene que ver ni con el sentido de Estado ni con la necesidad de aunar esfuerzos para salir de la crisis. La democracia deliberativa y de confrontación entre Gobierno y oposición corre el riesgo de quedar sustituida por una agenda mínima de lo que uno y otra pueden debatir. Al final, si la crisis económica, la política antiterrorista, la política internacional o la justicia quedan fuera del control político al Gobierno y sometidos a un consenso de conveniencia, es el sistema democrático el que queda vacío de contenido.
http://www.abc.es/20081014/opinion-editorial/responsabilidades-crisis-20081014.html
martes, octubre 14, 2008
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