jueves, octubre 16, 2008

Luis Pousa, Quizá no sea el momento

viernes 17 de octubre de 2008
LUIS POUSA
CELTAs sin filtro

Quizá no sea el momento

No está claro que políticamente este sea el momento más oportuno para promover desde la Administración fusiones de las entidades de ahorro, salvo que, digámoslo sin rodeos, se trate de absorciones disfrazadas para evitar que la crisis se lleve por delante alguna de ellas. El agujero que ha dejado el ladrillo en algunas cajas puede provocar en estas efectos desencadenantes indeseados en las otras líneas de negocio, que van más allá de la falta de liquidez -problema generalizado a todo el sector financiero-, y hacer insoportable el peso de la estructura en términos de rentabilidad.

Hay, por supuesto, otras razones de tecnologización, eficiencia y competitividad que inexorablemente conducen a un redimensionamiento del sector, y no solo de las cajas. Pero esos movimientos deben partir desde las entidades y no obedecer a imposiciones de los Gobiernos, como reconoce el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez.

Tras los planes de rescate aprobados en Estados Unidos y Europa, el problema subsiguiente a afrontar es el contagio de la economía real. La caída de la demanda interna, tanto en consumo público como en consumo privado, cuyos efectos ya son perceptibles en la bajada de los precios del petróleo y de otras materias primas, conduce a un escenario de rescisión (decrecimiento del PIB) que puede durar más allá de 2009.

A nivel de comunidad autónoma, las posibilidades de actuación de sus Gobiernos están bastante limitadas, pero, aún así, las cajas de ahorros son buenos instrumentos para, desde el ámbito autonómico, utilizarlas como arma contra la crisis. En Galicia eso es lo que está haciendo la Consellería de Economía, que pactó con Caixa Galicia y Caixanova la normativa que permite que ambas entidades dediquen a promover la inversión productiva la mitad de los recursos destinados a sus respectivas obras sociales.

El concurso de las cajas gallegas en el paquete de medidas contra la crisis económica se concreta en la colaboración con el Igape para financiar el circulante, el pasivo y las ampliaciones de capital de las pequeñas y medianas empresas. Algo muy necesario dadas las circunstancias que concurren en el funcionamiento de las mismas.

Sin duda, la situación económica actual ha puesto de relieve la importancia que tiene que las cajas pertenezcan al sector social de la economía, lo que pone en cuarentena la idea de privatizarlas. Los últimos acontecimientos han vuelto a darle la razón a quienes hasta ahora han sostenido que, dado que las cajas funcionan bien, ¿para qué cambiar su marco legal?

Tampoco parece razonable que, en vista de lo que hay, tenga sentido replantear ahora el tema de la cartera industrial de las cajas. Al contrario de lo que algunos presuponían, el hecho de que estas entidades hayan dejado de comportarse como socios pasivos de las empresas en que participan a gestionarlas directamente, no es precisamente un problema, sino una garantía de estabilidad.

Paradójicamente, la retirada de los bancos de la industria, presionados por unos accionistas que consideraban que la cartera industrial aportaba más riesgo que valor, no ha evitado el desplome de las cotizaciones en un mercado global en el que nada es transparente como el agua cristalina.

http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1039&idNoticiaOpinion=354139

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