jueves 9 de octubre de 2008
LUIS POUSA
CELTAS SIN FILTRO
El balance de una lucha
Una de las medidas de mayor alcance que tomó el Gobierno bipartito, al año de echar a andar, fue la paralización cautelar de la construcción de viviendas en el litoral. Gracias a ello, y pese a que todavía no se tomaba en serio lo de la burbuja inmobiliaria, se evitó: seguir con la desfeita urbanística; aumentar el stock de viviendas sin vender; que los dueños de los terrenos se quedaran sin ellos y sin el dinero a cambio; que hubiese más paro en la construcción...
Por aquellas fechas nadie hablaba de la subprime y todos daban por hecho que Hillary Clinton sería la candidata demócrata a la presidencia de los EEUU, y no un tal Barack Obama. España estaba completando el más largo ciclo de crecimiento económico continuado de su historia, y las advertencias del Banco de España, de que el modelo basado en el ladrillo no daba para más, eran recibidas con una sonrisa irónica por las comunidades autónomas donde los poceros se habían convertido en dueños de grandes fortunas que encargaban yates tan enormes como los portaaviones.
En la esquina del noroeste ibérico, alejada del sol y frenesí mediterráneos, la economía no dependía tanto del ladrillo y del cemento, y pese a no disponer de AVE y a que había tenido que esperar hasta el 2000 para disponer plenamente de las dos autovías de conexión con la Meseta, contaba (cuenta) con una generación de empresarios de mente abierta y alma de conquistador, espabilados y con un grado de conocimiento muy alto de los productos que hacían. Pensemos en Inditex, en Coren, en Pescanova, en muchas otras, y en Manolo Jove que, una vez situó a Fadesa en los mercados financieros, aprovechó el minuto para hacer el negocio del siglo, vendiéndosela a Martinsa, y sortear la debacle.
Cuando Touriño tomó posesión de la presidencia de la Xunta, en agosto del 2005, llevaba esbozado un plan de política económica -para cuatro años en su primera fase y ocho, en la segunda- aceptado en sus grandes líneas por su socio Quintana, que suponía ir hacia un modelo de crecimiento fundamentado en la mayor y mejor preparación de la gente, en el buen uso del territorio, en el respeto al medioambiente, en el cuidado del paisaje y en la internacionalización de la empresa gallega. Lo que contrastaba con la etapa anterior, que se centraba en el desarrollo de las infraestructuras, a partir de las buenas relaciones políticas con un Gobierno central amigo, una lluvia fina de subvenciones territorializada por colores políticos, y el resto: campo libre para que la mano invisible efectuase su labor creativa y destructiva.
Por tanto, no se puede hacer balance del estado de la autonomía sin obviar algo tan importante. Pues el cambio es también la lucha que viene librando el Gobierno bipartito porque en Galicia cuaje un nuevo modelo de crecimiento, frente al boicoteo permanente al que está siendo sometido por la oposición. Incluyendo en ello una reforma del Estatuto que aumente la capacidad de autogobierno al máximo constitucional. De no ser por el cambio, Galicia tendría mucho más problemas para enfrentarse a la crisis económica, y el paro estaría ya 3 puntos más alto.
Ante eso, las diferencias entre los socios serían cuestión menor si no fuese porque son utilizadas por quienes esperan que el BNG desgaste al PSdeG en beneficio del PPdeG. ¡Con qué astucia defienden Galicia!
http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1031&idNoticiaOpinion=351286
jueves, octubre 09, 2008
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