lunes, octubre 06, 2008

Ignacio Camacho, Ricos, pobres y demás

Ricos, pobres y demás

IGNACIO CAMACHO

Martes, 07-10-08
AL profesor Olivencia, maestro del Derecho mercantil, le encanta recordar la manera socarrona en que el financiero Juan de la Rosa, fundador de la extinta Caja de Ahorros de Ronda, explicaba el negocio de la banca: «Trincar la tela de golpe y soltarla poco a poco». Si hubiese que aflojarla también de golpe habría un problema severo. El sistema bancario se basa, en efecto, en la confianza de los clientes en que pueden recuperar su dinero cuando lo deseen... siempre que no lo hagan todos al mismo tiempo. En remedio de esa contingencia, y de otras no menos inquietantes, se han creado los fondos de garantía de depósitos, pero éstos también se fundamentan en la presunción de que no todos los bancos quiebren a la vez. Si eso ocurriese estaríamos ante el neologismo de moda: la crisis sistémica. Tradúzcase como el Apocalipsis financiero.
Por eso las medidas para incrementar los topes garantizados no dejan de constituir un cierto voluntarismo destinado a transmitir confianza a los impositores. Esos fondos pueden cubrir la quiebra de una entidad, quizá de varias, pero no un cataclismo generalizado que arrastraría el PIB y tumbaría el presupuesto. Menos da una piedra. A partir de ahí, se trata sólo de discutir sobre el precio simbólico de la tranquilidad mayoritaria. Durante la precampaña presidencial americana, a John McCain le preguntaron en un programa de televisión dónde establecía la diferencia entre un rico y la clase media; sin cortarse un pelo dijo que a partir de tres millones de dólares. Pronto sabremos en cuánto cifra Zapatero los ahorros que merecen ser protegidos sin que sus propietarios puedan considerarse plutócratas; de momento estamos en veinte mil euros, una suma que sin ser tercermundista no corresponde a la novena potencia económica.
Lo sensato sería que la cuantía a proteger la fijasen Gobierno y oposición en el encuentro que deben mantener sus líderes, pero ZP no le va a hacer a Rajoy ese regalo; ya ha adelantado que, si no hay acuerdo europeo, fijará la cantidad que le parezca oportuna. Luego le pedirá al PP que asienta mientras azuza a Pepe Blanco para que le muerda los tobillos con sus simplistas consignas de brocha gorda. El asunto se presta a la demagogia, tan grata a este Gobierno sedicentemente socialdemócrata que parece disfrutar con la crisis financiera como si fuese un castigo de la providencia a los excesos del neocapitalismo. Ahí es nada, trazar por decreto la frontera monetaria entre la clase media y la alta, tasar la seguridad popular y encima ir de salvador de zozobras; una tentación demasiado suculenta para tan conspicuos aficionados a las etiquetas ideológicas. Para evitar ese envenenado discurso algunos gobiernos europeos han optado por avalar todos los depósitos, como si fuese una extensión de derechos, aun a sabiendas de que se trata de una utopía irrealizable en caso de catástrofe simultánea. Es, además de una medida de confianza, una cuestión de filosofía política. Al fin y al cabo, como le dijo una vez Scott Fitzgerald a Hemingway, la única diferencia entre los ricos y los pobres es sólo que los ricos tienen mucho más dinero.

http://www.abc.es/20081007/opinion-firmas/ricos-pobres-demas-20081007.html

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