jueves, octubre 09, 2008

Igancio Camacho, Un poquito de transparencia

Un poquito de transparencia

IGNACIO CAMACHO

Jueves, 09-10-08
LOS directivos de una aseguradora americana recién salvada de la quiebra por una inyección federal se han gastado cuatrocientos mil pavos en unas lujosas vacaciones justo al día siguiente de que los contribuyentes remediasen su emergencia con 85.000 millones de dólares. Los desaprensivos alegan que se trataba de un viaje de incentivos programado con anterioridad, sin duda en premio por lo bien que han hecho su trabajo. Esta clase de tipos considera que la crisis es una especie de avería genérica del sistema, ajena a sus desquiciados métodos de gestión, por lo que resulta del todo natural que el pueblo acuda en su rescate como una manera de socorrerse a sí mismo. Situados en el eje de una maquinaria en situación crítica, chantajean a los Estados bajo la premisa perentoria de que su hundimiento conlleva el de todo el tinglado. Lo cual, por otra parte, no deja de resultar cierto.
Tan cierto que conviene tenerlo presente ahora que también España se dispone a auxiliar, con deuda subvencionada, a un sistema financiero que hasta hace bien pocos días era oficialmente el mejor de los posibles, sólido como roca de acantilado frente al embate de la tempestad. Ya parece que, sin cuestionar tan robusta fortaleza, vamos apreciando en el perfil del roquedal la huella de una cierta erosión, que requiere el amparo protector de los fondos públicos para que los bancos tengan a bien garantizar el cumplimiento de su obligación de devolver y/o prestar el dinero previamente depositado en ellos. Hágase, y hágase a tiempo para evitar males más profundos, antes de que la histeria que domina las Bolsas cunda también entre el común de la gente, pero sería muy tranquilizador para los ciudadanos sufragantes que se estableciesen en lo posible ciertas medidas de garantía y transparencia.
No se trata de que los ejecutivos de la Banca española se vayan a largar a playas exóticas con cargo a los treinta mil millones del plan preventivo, y menos de que se puedan quedar con el dinero, sino de que esos fondos apoquinados sirvan realmente para sanear el crédito además de los balances de unas entidades que ya parecen algo más agobiadas de lo que hasta ahora presumíamos. Ha llegado el momento de demostrar que la responsabilidad social corporativa, ese concepto tan solemnemente proclamado durante los últimos años como código ético de nuestra alta empresa, es algo más que una decorativa cuestión retórica. De un Gobierno tan aficionado a la mentira y la ocultación no cabe esperarla, pero los banqueros no pueden olvidar la necesidad moral de comportarse como caballeros, o siquiera parecerlo.
El plan de rescate, quizá tardío y con seguridad improvisado, merece en esta delicadísima hora más apoyo que objeciones, pero los cheques en blanco requieren una cierta contrapartida de honradez social. La presunción de que en España no hay activos tóxicos puede ser tan voluntarista como todas las demás que hemos oído en los últimos meses de optimismo por decreto. Y como si los hay también habrá que acabar rescatándolos, conviene que nos vayan diciendo, si no toda la verdad, sí al menos la parte de ella que debamos saber para justificar la abultada factura que se nos pasa al cobro

http://www.abc.es/20081009/opinion-firmas/poquito-transparencia-20081009.html

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