lunes 20 de octubre de 2008
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
El decano è mobile
Se queja Oriol Bohigas de que los arquitectos se están convirtiendo en empleados de las inmobiliarias. Otro catalán controvertido, Bofill, relata en Espacio y Vida sus tratos con el poder político, dejando la impresión de que sólo seduciéndolo como una hurí ante el gran visir es posible crear grandes obras.
Tenemos pues al profesional que más se parece a Dios, emparedado entre la doble presión del dinero y la política, lo cual quizá explica la oscilante actitud del decano del colegio gallego ante las Normas do Hábitat. A estas alturas, no se sabe muy bien si está a favor o en contra porque practica una especie de eslalon gigante que lo lleva del apoyo a la crítica y viceversa.
Durante el debate sobre la normativa Táboas se produjo un cruce interesante de argumentos en el que se expresaron con claridad las posiciones de promotores, municipios, consumidores y hasta organismos internacionales que salieron al ruedo de la polémica en defensa de la conselleira. García Braña y su colegio quedaron en mitad de la refriega, víctimas seguramente de ese cruce de intereses al que se refieren Bofill y Bohigas en sus reflexiones.
Los profanos se extrañaron. Al menos desde fuera, el COAG tiene una aureola ganada durante muchos años. Muchos habían visto en esa sigla el refugio de valores que se estaban perdiendo sobre el paisaje, la preservación del medio, la construcción. En los tiempos de feísmos y especulaciones rampantes, el colegio parecía el refugio de los diez justos que Yahvé pidió para no destruir Sodoma, una ciudad pecadora, donde no existían tampoco Normas do Hábitat, al menos que se sepa.
Total, que era de esperar que las normas tuvieran un gran recibimiento. No sólo venían amadrinadas por una colega convertida en conselleira, sino que gente del propio colegio había participado en su elaboración e iba a colaborar después en su puesta en práctica. Por primera vez, los arquitectos gallegos eran sujetos activos.
Su decano, sin embargo, se comporta como la donna mobile de Rigoletto. Mutta d'accento e di pensiero, afirma que están muy bien y al poco matiza para decir que son confusas. Lo último de don Celestino es asegurar que las táboas de la ley son buenas para el ciudadano, aunque molestan a los profesionales por el trabajo que dan. ¿Y cómo sabe que su cliente se dedica a la arquitectura?, le preguntan a una profesional del amor en un chiste que no debería contarse en un artículo decente. Lo tuve que hacer yo todo, responde ella.
Ni que decir tiene que las actitudes del decano y del anónimo protagonista de esta historia no son representativas del colectivo. La mayoría trabajan duro en su ocupación profesional y en las otras, pero el decano ostenta una representación que perjudica la buena imagen del gremio.
Los mismos profanos que antes veían en el COAG un faro en medio de la niebla de atrocidades urbanísticas, ahora pueden empezar a verlo como una nave a la deriva, sacudida por los vientos descritos por Bohigas y Bofill. Vientos económicos que ven en la norma un obstáculo, vientos políticos a los que les gustaría soplar en una hoguera en la que ardiera la conselleira del tema, como una Juana de Arco galaica.
Por el momento, lo que empieza a echar humo es el prestigio del colegio más admirado. De él se espera una posición clara, o en todo caso un voto de silencio con el que admita que está condicionado. Y para la próxima hay que hacer algo.
http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1042&idNoticiaOpinion=355208
domingo, octubre 19, 2008
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