viernes 7 de septiembre de 2007
El primero de la lista
POR M. MARTÍN FERRAND
EN algunas ocasiones, más de las que recomiendan la prudencia y la sabiduría políticas, Mariano Rajoy compite con José Blanco en la emisión de dichos obvios que, precisamente por su elemental superficialidad, tienden a con-fundirnos. Tiene dicho, por ejemplo, el líder del PP que «hacer las listas (electorales) no es fácil». No sé a qué viene magnificar la dificultad de algo tan aparentemente sencillo. Si de lo que se trata es de que esas listas expresen la voluntad y/o el capricho de quien manda un partido, nada más simple. Basta con que el jefe tenga sus ideas claras. Si lo que se pretende, desde un mayor respeto al compromiso representativo que debiera regir el espíritu de cualquier grupo político y en aplicación de su democracia interna, vienen cantados los méritos y las glorias de los nombres que deben integrar esas listas.
Rajoy, que dice estar «mejor que nunca» -algo que celebramos de todo corazón-, no encuentra fácil confeccionar listas electorales porque quiere hacer «las que más convengan al PP y a su presidente». Si, como parece, no estamos ante dos intereses superpuestos y compartidos se entienden sus dudas. Mejor sería que, para reforzar su aspiración como futuro presidente del Gobierno, pusiera por delante los intereses nacionales y subordinara los del partido y los suyos propios; pero, ahora que renuncia a su habitual ambigüedad, debe agradecérsele la sinceridad que, quizás en un descuido, desbordan sus palabras. En cualquier caso, afirmó Rajoy hace 48 horas, «decidiré las listas cuando se convoquen las elecciones».
¿Qué habrá pasado en estos dos últimos días para que, tras conocerse que Rodrigo Rato no estará en esas listas y observar la intentona de recluir a Alberto Ruiz-Gallardón en las del Senado, lo que le inhabilitaría para la sucesión, Mariano Rajoy haya tomado carrerilla para encaramarse, el próximo lunes -en la Junta Directiva Nacional del PP-, en el primer puesto de la de Madrid, algo que, en lo que se sabe, nadie le disputaba?
Sólo queda en claro que las «conversaciones privadas» que Rajoy dijo tener con Rato, si se celebraron, no llevaron a ninguna conclusión de aplicación para el partido y que, en ejercicio de la vocación por el despilfarro del talento que caracteriza al PP, el interés de las personas alzado sobre la chepa de los de la Nación y los del grupo se dispone a dejar en el andén a quienes acreditan mayor adhesión y aprecio por parte del electorado. No hace mucho preguntaba desde este rincón si Rajoy quiere ganar las próximas elecciones. Ahora, vistos los últimos movimientos de piezas y nombres, ya se puede decir que, según parece, lo que Rajoy quiere es perder. Le resultará sencillo salirse con la suya si insiste en el método que practica. El poder, en un cambio de ciclo económico, es algo demasiado incómodo.
viernes, septiembre 07, 2007
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