lunes 24 de septiembre de 2007
Negociación y vergüenza
El Gobierno ha venido adoptando la posición de no comentar las revelaciones que, desde el nacionalismo vasco (moderado o radical, según las circunstancias), se han hecho a lo largo de los últimos meses sobre el “proceso”. Convencido quizá de que las cosas pasan y se olvidan a gran velocidad no ha querido reaccionar ante hechos que deben avergonzar a cualquier gobierno democrático. Tampoco para negarlos, ya que algunos detalles y la línea general de lo que se nos cuenta se corresponde perfectamente con lo que sabíamos de cierto y con las consecuencias y las actitudes políticas en cada momento. Quizá al mismo tiempo se piense, para explicar el silencio, que un clavo saca otro clavo, es decir, que una política de tolerancia cero con ETA, que ahora se quiere formular, dejará en el olvidado pasado su contrario: la negociación.
El entorno de ETA, ahora como otras veces a través del diario Gara, nos ha contado este fin se semana que el Gobierno terminó por rechazar un acuerdo que el mismo había esbozado. El asunto revela que la pasmosa y gravísima aberración de los avances del PSOE durante los meses del proceso se compensaba con algún irritado ramalazo de sentido común. En esta desgraciada aventura se han perdido muchos meses de la lucha contra el terrorismo, se ha dividido a la sociedad española en la materia, se ha enredado lo esencial de la política española y se ha hecho el ridículo. Pero ahora nos dicen que las negociaciones se extendieron hasta al menos mayo de 2007, es decir, cinco meses después del atentado de Barajas. Cinco meses después y, al parecer, movilizando aún, tras la tragedia y la escenificación del dolor y el arrepentimiento, lamentables intentos de cesión y esperpénticos mediadores internacionales.
El Gobierno no puede callar. No puede dejar pasar el asunto, volver a la retórica de que no se pagó precio político y se va a seguir persiguiendo a ETA, y no responder ante el relato de estos hechos que, en el fondo, constituyen graves acusaciones. Si no se despejan las dudas, no habrá modo de creer al Gobierno con certeza cuando prometa, como ahora hace, tolerancia cero con la banda terrorista. Si no se aclara lo que realmente ocurrió, si no se asumen responsabilidades por lo que sin género de dudas ocurrió, la sombra de que todo es una retórica indigna, como entonces, no se disipará.
domingo, septiembre 23, 2007
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