martes 25 de septiembre de 2007
LUIS POUSA
CELTAS SIN FILTRO
El culto al victimismo
Ni caso. No hay caso autovía del Barban- za, e informativamente el follón mediático provocado por los populares no da para más que para reflexionar muy seriamente sobre la necesidad de poner en cuarentena la credibilidad de algunos políticos, obsesionados con provocar escándalos y que el gasto corra a cuenta de los medios de comunicación. Porque una cosa es la inmunidad parlamentaria y otra, bien distinta, la patente de corso para pasarse por cierta parte derechos elementales sobre la honorabilidad de las personas. Esa conducta no está amparada por el Estado de derecho ni por el sentido común que rige en una sociedad cultivada en valores democráticos.
Ni administrativa, ni jurídica, ni económicamente hay resquicio por el que la oposición pueda aguijonear a la conselleira de Política Territorial. El eje central de esta obra es reducir la alta siniestralidad de tráfico registrada en esa vía de comunicación. Y los pormenores de la adjudicación ya han sido lo suficientemente explicados y debatidos, como para perder el tiempo en los circunloquios de la colateralidad. La manera de jugar las cartas de algunos intereses empresariales concernidos no es un ejemplo políticamente recomendable. Y dice muy poco de quienes se prestan a ser sus tenores.
Nada más lejos de la verdad, por otra parte, el intento de querer presentar como opinable una decisión, la de la adjudicación de la obra, que fue tomada con arreglo a criterios técnicos rigurosos. Esta es la cuestión, y el resto, malicia sin el menor fundamento.
Ya sabemos que las cifras se prestan, o eso dicen, a interpretaciones. Una simpleza, porque todo se presta a interpretaciones, pero lo lógico no es eso, sino la validez de esas interpretaciones.
A propósito de ello, estos días podemos comprobar la falta de seriedad con la que se analizan algunas cifras de los Presupuestos Generales del Estado para 2008. Por ejemplo, cuando se comparan las inversiones territorializadas por comunidades autónomas, sin tener en cuenta el destino de las mismas, el tiempo de realización y las implicaciones positivas que pueden tener para otras comunidades, algo que es evidente en determinadas infraestructuras como pueden ser las ferroviarias -el AVE, por ejemplo- o las viarias -caso de la Trascantábrica-.
Más razonable y con fundamento es comparar esas inversiones con arreglo al peso de la población y del PIB de cada comunidad autónoma sobre el total. Porque esas ratios dan una idea aproximada del modelo redistributivo aplicado por el Ministerio de Economía, así como de los principios que lo guían. Y es que no sólo el fondo de compensación interterritorial mide la aplicación práctica del principio de solidaridad, columna vertebral del Estado de las Autonomías.
Desde ese razonamiento, no es poca cosa que Galicia tenga asignada para el próximo ejercicio unas inversiones estatales que rondan los 2.000 millones de euros. La comparación con años anteriores muestra un incremento medio muy notable, y sugiere un aumento del volumen de obra pública, y dentro de esto, un acelerón de las obras del AVE, al entrar en una fase decisiva de la ejecución plurianual.
Por todo ello, qué sentido tiene, que no sea el culto a la sacralización del victimismo, ningunear ese nivel de inversión.
martes, septiembre 25, 2007
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