martes, septiembre 25, 2007

Carlos Luis Rodriguez, Su Graciosa Administracion

martes 25 de septiembre de 2007
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
Su Graciosa Administración
Que el señor Solbes nos saque de dudas y nos diga a quién le da los dos mil millones. ¿A Touriño o a Rodríguez? Porque resulta que el presidente socialista los anuncia ayer delante de los empresarios, y salta de inmediato el diputado nacionalista atribuyéndose el logro, con lo cual Galicia está perpleja sin saber a cuál de los dos le tiene que estar agradecida.
A cuál de los dos, o de los tres, ya que sería injusto olvidar que también José Blanco, que ejerce sobre nosotros un cierto padrinazgo político, lo predijo igualmente en una visita de hace poco. Que el dueño de la caja del Estado desvele el secreto. No lo hará. Bastantes líos tiene el pobre don Pedro en esta recta final de su pródiga carrera para meterse en un pleito de gallegos que demuestra lo vigentes que están en el fogar de Breogán algunas costumbres ancestrales.
Esta disputa se parece mucho a la que pudieron tener dos caciques de la Restauración que se peleaban por el mismo territorio. Tenían a una población educada en el principio de que la Administración era un ente lejano, que funcionaba por favores personales y no mediante criterios objetivos. O sea, que si el municipio tenía un buen valedor ante el poder, se obtenían mercedes, y si no, era castigado con el ayuno.
Cuando coincidían dos de esos intermediarios, la pugna consistía en hacerle ver al paisano que había sido éste, no el otro, quien había conseguido la fuente o la escuela. El Solbes de turno tendría que mediar para que en aquella tribu celta sólo quedara un jefe indiscutible.
Lo que cambió con el paso de los años fue la escala. Antes se hacía a escala provincial y ahora con dimensión nacional y cifras vertiginosas, pero pervive la idea de una Graciosa Administración que otorga favores presupuestarios como los monarcas absolutos de antes. Pervive, y se fomenta además con un debate presupuestario que es básicamente extraparlamentario porque la llamada soberanía nacional, la de verdad, la práctica, ya no está en el Congreso sino en las comunidades autónomas.
¿Con quién ha negociado Solbes? No ha sido con grupos parlamentarios, sino con Cataluña, Andalucía y Galicia, aunque en este caso no se sepa todavía cuál de los interlocutores conmovió el duro corazón monetario del vicepresidente, si el histórico nacionalista que se va y necesita una condecoración póstuma, o el líder socialista que precisa estar en el pódium.
Curiosamente, nadie en Galicia se lo agradecerá al sufrido Solbes. En esta nueva articulación del Estado, ministros y hasta vicepresidentes quedan desdibujados, igual que el gobernador o ministro al que el cacique antiguo andaba conectado. Es como si don Pedro vicepresidiera un Fondo Monetario más que un Gobierno.
El éxito corresponde en exclusiva a los nuevos marqueses de Riestra que retornan de Madrid con los miles de millones en el bolsillo para luego esparcirlos por su demarcación. Se decía en tiempos del prócer que España tenía sólo cuarenta y ocho provincias porque Pontevedra es del Marqués, y a lo mejor es parecida la aspiración de los nuevos intermediarios del poder.
Se equivocan quienes piensan que con el declive de las diputaciones se pone la lápida definitiva sobre el caciquismo. No es tan fácil ponerle el punto final a algo tan arraigado. La prueba es que tenemos a dos socios que se esfuerzan por hacernos ver que fue uno y no el otro el que consiguió esos dos mil millones, por el momento virtuales, de Su Graciosa Administración.

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